Científicos de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW) en Australia han revelado la presencia de sustancias químicas en fertilizantes orgánicos, derivados de biosólidos, que tienen el potencial de permanecer en los suelos agrícolas por un tiempo prolongado. Esta investigación, dada a conocer el 5 de noviembre de 2026, analizó 47 compuestos distintos, estableciendo criterios para un seguimiento más detallado, sin ignorar las ventajas agronómicas que estos materiales ofrecen.
El estudio, impulsado por expertos de la Escuela de Ingeniería Civil y Ambiental de la UNSW, incluyendo a Calvin He y el profesor Denis O’Carroll, del Laboratorio de Investigación del Agua de la universidad, publicó sus hallazgos en el reconocido Journal of Hazardous Materials. La investigación aborda la dualidad de la agricultura moderna: cómo aprovechar los ricos nutrientes y la materia orgánica de los residuos de depuradoras sin introducir cantidades perjudiciales de químicos persistentes en las tierras de cultivo.
En Australia, un considerable 80% de los biosólidos generados son empleados en la agricultura, de acuerdo con datos universitarios. Estos materiales son cruciales para reponer nutrientes y mejorar la calidad del suelo. Sin embargo, su composición puede contener restos de medicamentos, productos de limpieza e higiene personal, y subproductos industriales. Los investigadores descubrieron que algunos de estos compuestos pueden perdurar en el suelo por meses o incluso años, aunque enfatizan que no hay evidencia de daño actual a las explotaciones agrícolas ni de inseguridad en los alimentos cultivados con biosólidos.
La investigación australiana detalla cómo el agua y las propiedades del suelo impactan el comportamiento químico de los biosólidos. Los elementos presentes no reaccionan de manera uniforme; algunos se adhieren fuertemente a las partículas del suelo, mientras que otros se disuelven y se mueven con el agua, pudiendo alcanzar capas más profundas o cuerpos de agua cercanos. Factores como la temperatura, la humedad, el contenido de materia orgánica y la presencia de oxígeno pueden alterar la velocidad de degradación y la movilidad de estos compuestos. Esta variabilidad significa que un mismo contaminante puede comportarse de forma distinta según las condiciones específicas de cada parcela, lo que subraya la necesidad de integrar estas diferencias en los programas de monitoreo. Para los agricultores, esta investigación es crucial, ya que destaca que la calidad de un fertilizante orgánico no solo depende de su contenido nutricional, sino también de su composición química y sus implicaciones ambientales. La trazabilidad y la información detallada sobre la composición del producto son fundamentales. Este estudio no sugiere la suspensión del uso de biosólidos ni propone cambios inmediatos en las prácticas de fertilización. Más bien, ofrece un marco para identificar sustancias que requieren mayor control debido a su persistencia o movilidad.
El estudio de la UNSW es un avance significativo en la comprensión del impacto ambiental de los biosólidos en la agricultura. Demuestra que, si bien estos materiales ofrecen una valiosa oportunidad para recuperar nutrientes, también conllevan el riesgo de introducir químicos persistentes en el ecosistema. Los hallazgos del estudio servirán para guiar futuras investigaciones y para que los organismos reguladores y los operadores de plantas de tratamiento implementen programas de monitoreo más precisos. Esto permitirá optimizar el uso de biosólidos de manera segura y sostenible, asegurando una fertilización responsable que beneficie tanto a la producción agrícola como al medio ambiente. Al final, se trata de balancear la necesidad de nutrientes con la protección de nuestros suelos y la calidad de los alimentos.
