España está experimentando una transformación significativa en la forma en que gestiona sus residuos orgánicos. La práctica del compostaje se está consolidando como una estrategia fundamental, respaldada por diversas iniciativas públicas y privadas en todo el país. Esta evolución no solo busca mitigar el impacto ambiental de los desechos en los vertederos, sino también generar un recurso valioso para la agricultura y la jardinería, cerrando así el ciclo de la materia orgánica y aliviando la presión sobre los sistemas de eliminación de residuos.
En este panorama, comunidades autónomas y ayuntamientos están impulsando el compostaje a través de medidas concretas. Un ejemplo sobresaliente es el Gobierno de Navarra, que ha lanzado convocatorias de ayudas que ascienden a 15.3 millones de euros, provenientes del Fondo de Residuos. Estos fondos están destinados a mejorar la prevención, recogida, transporte y tratamiento de residuos. La mayor parte, 8.8 millones de euros, se asigna a entidades locales para la inversión en infraestructuras cruciales, como plantas de tratamiento de biorresiduos e instalaciones de compostaje, así como plantas de tratamiento mecánico-biológico. Adicionalmente, 4.8 millones de euros se dirigen a proyectos de prevención, recogida selectiva y puntos limpios, incluyendo el fomento del compostaje a nivel doméstico y comunitario. Las empresas también se benefician de líneas específicas que superan los 1.7 millones de euros para la gestión de residuos industriales y de construcción. Estas acciones evidencian un compromiso firme con la modernización de las infraestructuras y la promoción de prácticas más sostenibles en la gestión de desechos.
La Mancomunidade do Salnés, en Galicia, ha realizado un estudio detallado sobre los costes asociados a la gestión de biorresiduos mediante compostaje, arrojando cifras que oscilan entre 7 y 27 euros por habitante al año. Esta estimación considera diferentes modalidades como el compostaje individual, comunitario o el uso del contenedor marrón. Estas cifras son notablemente inferiores a los aproximadamente 100 euros que los ciudadanos pagan actualmente por el servicio genérico de recogida de basura, lo que subraya el potencial de ahorro económico que representa el reciclaje masivo de materia orgánica. El programa 'Mestre composteiro' de la mancomunidad continúa expandiéndose, integrando nuevos municipios y profesionales en su red.
La innovación tecnológica también juega un papel crucial en este avance. En la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona, se ha finalizado la expansión de la planta de secado solar de lodos en la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de Arazuri. Esta ampliación ha sumado cinco nuevos invernaderos de vidrio, alcanzando una superficie total de 7.744 metros cuadrados. Cada uno de estos invernaderos está equipado con un robot volteador automático que remueve y airea los lodos, acelerando el proceso de evaporación del agua. El objetivo es procesar alrededor del 50% de los lodos generados anualmente, lo que equivale a unas 21.000 toneladas. Los resultados iniciales son muy alentadores, con 1.708 toneladas procesadas y una elevación del contenido de materia seca del 17% al 72%.
En Canarias, la planta de reciclaje y compostaje SUNA 2000, situada en Arona, Tenerife, ha estado operando durante más de tres décadas, transformando residuos vegetales, maderas y restos agrícolas en compost de alta calidad. Esta empresa se ha consolidado como líder en la gestión de residuos no peligrosos en el archipiélago, con certificaciones ISO que validan la eficiencia y sostenibilidad de sus procesos. Román Rodríguez Febles, su CEO, enfatiza que no se utilizan productos químicos, asegurando que el compost producido es apto para la alimentación y el uso agrícola. Además, la compañía ofrece servicios forestales como poda en altura y desbroce, contribuyendo a la prevención de incendios y a la conservación del territorio, integrando así la gestión de residuos con la protección ambiental.
El compostaje genera múltiples beneficios, no solo en la reducción de residuos destinados a incineradores o vertederos, sino también al producir un valioso material agronómico. El compost mejora la estructura del suelo, incrementa su capacidad de retención de agua y enriquece los nutrientes, disminuyendo la necesidad de fertilizantes químicos. El Compost-Arazuri, por ejemplo, se emplea con éxito en horticultura y jardinería, siendo especialmente útil para cultivos intensivos. La promoción del compostaje in situ, como en Salnés, demuestra un ahorro económico significativo en comparación con los métodos de tratamiento convencionales, lo que refuerza su atractivo.
Asimismo, las bonificaciones y subvenciones están motivando la participación ciudadana. En A Laracha, 497 hogares rurales ya forman parte del programa de compostaje doméstico, mientras que 367 utilizan el contenedor marrón. En Navarra, las ayudas están facilitando la modernización de infraestructuras y la expansión de la recogida selectiva de orgánicos. La colaboración de los ciudadanos es esencial para el éxito de estos sistemas, y los incentivos económicos resultan ser un estímulo eficaz para fomentar estas prácticas. La adopción generalizada del compostaje impulsa la economía circular, generando empleo local y reduciendo la dependencia de recursos externos, lo que se traduce en ventajas tangibles para el medio ambiente y la economía.
