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Australia Mantiene Uso de Paraquat Bajo Estrictas Regulaciones a Pesar de Prohibiciones Globales

Jul 06, 2026

Australia ha ratificado la continuidad del herbicida paraquat en su agricultura, una sustancia de reconocida eficacia pero también de elevada toxicidad. Esta determinación, emitida por la Autoridad Australiana de Plaguicidas y Medicamentos Veterinarios (APVMA), llega tras casi tres décadas de evaluaciones. La decisión destaca la complejidad de equilibrar la eficiencia agrícola con los riesgos para la salud y el medio ambiente, especialmente cuando el paraquat ya ha sido vetado en numerosas naciones. La medida adoptada por Australia, aunque mantiene el herbicida en el mercado, introduce regulaciones más rigurosas para su manejo y aplicación, buscando mitigar los peligros inherentes a su uso.

El paraquat se distingue por ser un componente fundamental en la gestión de malezas en vastos cultivos australianos como el trigo, la avena y la canola, particularmente en sistemas de labranza mínima que favorecen el control químico. Su popularidad radica en su bajo costo y su efectividad contra malezas resistentes a otros productos, como el glifosato. Sin embargo, su clasificación como veneno de categoría 7 en Australia resalta su peligrosidad por contacto, ingestión o inhalación, lo que exige una manipulación extremadamente cautelosa y medidas de protección avanzadas. La APVMA ha respondido a estas inquietudes prohibiendo el uso de pulverizadores de mochila y limitando su aplicación a sistemas cerrados, además de reducir las dosis permitidas.

La controversia en torno al paraquat se intensifica por las preocupaciones sobre sus posibles efectos a largo plazo en la salud humana, en particular su supuesta relación con la enfermedad de Parkinson. Organizaciones de salud y expertos en neurología han abogado por una proscripción total, argumentando que la dependencia agrícola de este producto es excesiva y peligrosa. La dependencia de Australia de este químico se debe a su rentabilidad, su gran eficacia contra malezas persistentes y la escasez de alternativas igualmente eficientes y económicas. La coexistencia del paraquat y el glifosato en las prácticas agrícolas subraya la creciente problemática de la resistencia de las malezas a los herbicidas y la necesidad de buscar soluciones más sostenibles.

El escenario de los pesticidas genéricos provenientes de China ha transformado el mercado global. Desde 2006, las importaciones australianas de plaguicidas de origen chino han crecido exponencialmente, constituyendo actualmente cerca del 50% del total. Sorprendentemente, a pesar de que el paraquat está prohibido para uso doméstico en China, los ingredientes activos de los productos registrados en Australia provienen casi exclusivamente de este país. En Australia, hay 121 productos registrados que contienen paraquat, bajo diversas marcas, lo que ha facilitado su acceso y reducido costos, pero también ha fortalecido una dependencia que resulta difícil de sustituir a corto plazo.

El debate en torno al paraquat en Australia es un reflejo de la discusión global sobre la regulación de los agroquímicos. Aunque algunos países y empresas continúan comercializando pesticidas prohibidos en otros mercados, la tendencia general apunta hacia restricciones más rigurosas. La posibilidad de una prohibición total en Australia había generado alarma entre agricultores y agrónomos, quienes preveían alteraciones significativas en la productividad y los costos, con un impacto que trascendería las explotaciones agrícolas y afectaría a las cadenas de suministro. La decisión final, que permite su uso bajo condiciones más estrictas, posterga la necesidad de implementar estrategias no químicas más intensivas, como rotaciones de cultivos y siembras más densas.

A pesar de la continuidad del paraquat, persiste la urgencia de explorar alternativas y desarrollar métodos de control de malezas menos peligrosos. Las prácticas de manejo integrado, el monitoreo de la resistencia, la rotación de modos de acción y la incorporación de técnicas no químicas son pasos esenciales para minimizar los riesgos. La innovación en el control de malezas, incluyendo herramientas biológicas y moleculares como los herbicidas de ARN, ofrece la esperanza de una agricultura más sostenible, aunque su implementación a gran escala aún requiere un considerable desarrollo regulatorio y técnico. La experiencia australiana pone de manifiesto el constante tira y afloja entre la productividad agrícola, la seguridad laboral, los costos de producción y la normativa sanitaria, invitando a una reflexión profunda sobre el futuro de las prácticas agrícolas.

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