Torrente

Cultivos de Cobertura: Estrategia Innovadora para la Renovación de Tierras Forrajeras

Sep 02, 2026

Esta investigación canadiense explora la viabilidad de utilizar cultivos de cobertura para facilitar la transformación de campos dedicados a la producción de semillas forrajeras perennes en parcelas aptas para cultivos anuales. El estudio destaca el potencial de ciertas combinaciones de plantas para generar biomasa, reciclar nutrientes y suprimir el crecimiento de malezas, así como el rebrote de los cultivos previos. Los hallazgos iniciales sugieren que estas prácticas pueden ofrecer una alternativa sostenible y económicamente viable para la gestión agrícola, aunque se reconoce la necesidad de adaptarlas a diversas condiciones y contextos locales.

Detalles del Informe de Investigación Agrícola

En el año 2024, un notable ensayo agrícola se puso en marcha en Canadá, centrándose en el empleo de cultivos de cobertura para la renovación de terrenos destinados a la producción de semillas de festuca roja rastrera. Este experimento, con una duración proyectada de tres años, inició tras la eliminación química del cultivo perenne existente. Los investigadores establecieron cinco parcelas de tratamiento, cada una con diversas combinaciones de veza vellosa, trébol dulce, centeno de otoño, rábano forrajero y guisante de campo, seleccionadas por su capacidad para generar cobertura y cumplir funciones agronómicas específicas.

Durante esta fase inicial, no se aplicaron fertilizantes, y el control de malezas se basó principalmente en la competencia de los cultivos de cobertura, complementado con cortes para evitar la producción de semillas indeseadas. La biomasa generada se dejó descomponer en el campo, con el fin de reintegrar nutrientes al suelo. En 2025, se sembró canola, y para 2026, el trigo se incorporará a la rotación, buscando mantener el suelo cubierto y protegerlo de la erosión y la pérdida de humedad durante los periodos de transición.

En el primer año, la veza vellosa demostró ser la más productiva, alcanzando 7.5 toneladas de materia seca por hectárea. Le siguieron la combinación de veza vellosa y trébol dulce con 7 toneladas, y la mezcla de veza y centeno de otoño con 6.6 toneladas por hectárea. Estas combinaciones, al formar doseles densos, mostraron una alta eficacia en la supresión de malezas y el rebrote de festuca. Por el contrario, el guisante de campo generó menos biomasa, lo que resultó en una mayor incidencia de malezas, subrayando la importancia de una selección adecuada de especies.

A pesar de que el experimento se vio afectado por una sequía en 2025 que limitó el establecimiento de la canola, y por la persistencia inesperada de variedades bienales de trébol dulce y centeno de otoño, los tratamientos que incluyeron trébol dulce y rábano forrajero, junto con veza vellosa y trébol dulce, ofrecieron los mejores retornos económicos en equivalentes de canola, manteniendo a su vez baja la presión de malezas.

El estudio también abordó el impacto ambiental, particularmente las emisiones de óxido nitroso. Aunque la veza vellosa mostró picos de emisión, su intensidad por unidad de biomasa fue la más baja. En contraste, la combinación de trébol dulce y rábano forrajero presentó la mayor intensidad de emisiones, lo que resalta la complejidad de equilibrar la productividad con la sostenibilidad ambiental. La investigación enfatiza que la gestión de los cultivos de cobertura debe ser flexible y adaptarse a las condiciones locales, la maquinaria disponible y los objetivos de la rotación para optimizar beneficios económicos y ecológicos.

Este estudio nos enseña la importancia de la innovación en las prácticas agrícolas. La adopción de cultivos de cobertura no es solo una estrategia ecológica, sino también una herramienta poderosa para mejorar la rentabilidad y la resiliencia de los sistemas de producción. Nos invita a repensar cómo manejamos nuestros suelos, priorizando la salud del ecosistema y la sostenibilidad a largo plazo. Sin embargo, también nos advierte que cada solución agrícola requiere una adaptación cuidadosa a las condiciones locales, ya que no existe una "talla única" que sirva para todos. La investigación continua y la experimentación en campo son cruciales para desvelar el potencial completo de estas prácticas y asegurar un futuro agrícola más próspero y sostenible.

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