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EE. UU. incentiva la reducción de desecantes químicos agrícolas con un concurso de 30 millones de dólares

Jul 03, 2026

Estados Unidos ha puesto en marcha una importante iniciativa para transformar las prácticas agrícolas, anunciando un concurso con una financiación de 30 millones de dólares. El objetivo principal es descubrir métodos viables y económicamente accesibles que puedan reemplazar los desecantes químicos empleados en la fase previa a la recolección de cultivos. Este esfuerzo subraya una creciente preocupación por la sostenibilidad en el sector agrario y el bienestar de la salud pública, al tiempo que busca fomentar el desarrollo de soluciones innovadoras y menos dependientes de productos químicos.

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) lidera esta iniciativa, que se lanzó oficialmente el 1 de julio de 2026. A través de una "Solicitud de Información" (RFI), la agencia invita activamente a un amplio espectro de participantes, incluyendo agricultores, científicos, organizaciones agrícolas, fabricantes de equipos, expertos en salud pública y ambientalistas, así como representantes de gobiernos y comunidades indígenas, a contribuir con sus ideas y conocimientos. Esta estrategia colaborativa es fundamental para asegurar que las soluciones propuestas sean prácticas y aplicables a las diversas realidades del campo.

La desecación química es una técnica agrícola que implica la aplicación de fitosanitarios para secar los tejidos vegetales antes de la cosecha. Esta práctica es valorada por su capacidad para unificar la maduración de los cultivos, optimizar la operatividad de la maquinaria agrícola y mejorar la eficiencia de las labores de recolección. Los desecantes más comunes incluyen herbicidas como el diquat y el glifosato, aplicados en cultivos como el trigo, la cebada, leguminosas, girasol, papa y algodón, donde la sincronización del secado es crucial para la cosecha mecanizada. La EPA, sin embargo, busca alternativas que no solo mantengan la eficiencia y calidad de la cosecha, sino que también minimicen el uso de estos químicos de última etapa. Esto se alinea con una tendencia más amplia hacia la adopción de opciones biológicas y estrategias agronómicas avanzadas.

Este concurso se presenta como un catalizador para la innovación, no como una medida restrictiva para los productores. Lee Zeldin, administrador de la EPA, enfatizó que la iniciativa busca proveer a los agricultores con herramientas más seguras y económicamente atractivas, que les permitan reducir su dependencia de agroquímicos antes de la cosecha. La agencia subraya su compromiso con la protección del medio ambiente y la salud humana, así como con la modernización de la agricultura para asegurar una cadena de suministro alimentaria robusta y autónoma. La visión es fortalecer la seguridad alimentaria a través de prácticas agrícolas más seguras y resilientes.

Una de las principales preocupaciones en torno a los desecantes químicos es la posibilidad de que dejen residuos en los productos alimenticios y expongan a los trabajadores a riesgos para la salud, dada su aplicación cercana al momento de la cosecha. Por ello, la EPA está interesada en tecnologías y métodos que puedan reemplazar o disminuir el uso de la desecación química sin comprometer la preparación de los cultivos. Esto incluye la mejora de prácticas agronómicas, una planificación de siembra más precisa, técnicas de secado mecánicas o físicas, soluciones biológicas o de bajo riesgo, herramientas de agricultura de precisión e innovaciones en el manejo post-cosecha. La agencia también busca entender los desafíos que enfrentan los agricultores al adoptar estas nuevas alternativas, incluyendo las necesidades en investigación, maquinaria, cadenas de suministro y los estándares de rendimiento necesarios para su viabilidad.

Esta convocatoria se enmarca en un contexto más amplio de agricultura regenerativa y manejo integrado de plagas, donde se valora la planificación cuidadosa de los cultivos, el uso de métodos naturales de secado y la aplicación de tecnologías de precisión para reducir el impacto ambiental y sanitario. La EPA aspira a que estas nuevas soluciones contribuyan a una agricultura más sostenible, especialmente en cultivos como cereales, leguminosas, oleaginosas, papa y algodón. La iniciativa también se alinea con el desarrollo de bioherbicidas y otras herramientas no químicas para el control de malezas, marcando un paso hacia la reducción de la dependencia de los herbicidas tradicionales. El fondo de 30 millones de dólares demuestra el compromiso de Estados Unidos con la búsqueda de soluciones agrícolas que sean seguras, escalables y económicamente competitivas, abordando así los desafíos de la producción alimentaria moderna con un enfoque innovador y responsable.

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