Árboles

El adiós final al icónico ficus de San Jacinto en Triana

Aug 11, 2025

La ciudad de Sevilla ha sido testigo del desenlace de una larga controversia ambiental y cultural, con la eliminación definitiva del célebre ficus que durante más de un siglo adornó el atrio de la Parroquia de San Jacinto en Triana. Este árbol monumental, declarado Bien de Interés Cultural, se ha convertido en un recuerdo para los vecinos, que han visto cómo la intervención municipal ponía fin a un símbolo del barrio. La decisión, que llega tras meses de debate, intentos de recuperación fallidos y una moratoria de seis meses, subraya el delicado equilibrio entre la conservación del patrimonio natural y la seguridad pública.

La saga de este emblemático ficus comenzó en agosto de 2022, cuando la orden dominica, propietaria del templo, autorizó una poda significativa alegando motivos de seguridad y daños estructurales en la iglesia. Esta acción, que eliminó aproximadamente el 70% de su follaje, fue inmediatamente paralizada por una orden judicial a raíz de una impugnación de la Asociación Multisectorial de Jardinería (AMJA). Sin embargo, el daño ya estaba hecho: la drástica reducción de la copa comprometió severamente la capacidad fotosintética del árbol, exponiendo su corteza a condiciones extremas de insolación y abriendo la puerta a la invasión de patógenos.

Con el paso del tiempo, el ficus sucumbió a una severa infección fúngica y a la pudrición interna, lo que provocó una degradación progresiva del cámbium y una pérdida significativa de su masa radicular. Informes técnicos municipales emitidos en septiembre de 2024 confirmaron el \"colapso final\" de la estructura arbórea, indicando que el ejemplar había perdido su capacidad de nutrirse y brotar de manera funcional. A pesar de los esfuerzos de colectivos ciudadanos y partidos políticos por otorgarle una última oportunidad, incluyendo una moratoria de seis meses para observar su evolución durante el invierno y la primavera, las medidas aplicadas —como la mejora del alcorque, el refuerzo del riego y tratamientos especializados— no lograron revertir su deterioro. La Plataforma en defensa del Ficus, que incluso aportó informes alternativos sugiriendo un mínimo margen de vida, lamentó la falta de transparencia en este tramo final y los brotes invernales que finalmente no prosperaron.

El operativo de retirada, que comenzó a primera hora de la mañana con un importante despliegue policial para asegurar la zona, se prevé que se extienda por dos jornadas, condicionado por las altas temperaturas del verano. Aunque el proceso ha generado tristeza entre los vecinos, muchos reconocen la inviabilidad de mantener un tronco seco y deteriorado que además representaba un riesgo. La madera del ficus, degradada y fracturada, ha sido descartada para cualquier uso funcional, como la idea inicial de tallar una librería, debido a su mala calidad y peligrosidad. El Ayuntamiento ha anunciado que conservará una sección del tronco, de aproximadamente un metro de altura, que servirá como base para una placa conmemorativa que relatará la historia del árbol y el movimiento ciudadano que luchó por su preservación.

La retirada de este árbol centenario reabre un debate fundamental en Sevilla sobre la protección del arbolado urbano, el manejo del patrimonio natural y cómo las decisiones de seguridad deben coexistir con la conservación de elementos tan significativos. La imposibilidad de plantar una nueva especie en el mismo lugar, debido a las limitaciones de las raíces y la seguridad, invita a reflexionar sobre alternativas simbólicas para mantener viva la memoria de este gigante verde. Su desaparición marca el fin de una era para Triana, pero también es una llamada de atención sobre la importancia de elevar los estándares de cuidado y protección de la naturaleza en el entorno urbano, especialmente en un contexto de cambio climático y olas de calor crecientes.

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