La flor de cempasúchil, un emblema fundamental en las celebraciones del Día de Muertos en México, se enfrenta a una situación crítica en Xochimilco, un área tradicionalmente dedicada a su cultivo. Las fluctuaciones climáticas, caracterizadas por lluvias extremas y sequías prolongadas, han puesto en jaque a las familias que han mantenido esta tradición agrícola por generaciones. Estas condiciones impredecibles no solo han mermado drásticamente las cosechas, con pérdidas que alcanzan hasta la mitad de la producción en algunas parcelas, sino que también han elevado los costos de producción debido a la necesidad de más insumos como fertilizantes. La supervivencia de esta flor, cuya vibrante tonalidad anaranjada guía a las almas de los difuntos, es esencial para la festividad, y su declive amenaza tanto el sustento de la comunidad local como la continuidad de una práctica cultural profundamente arraigada.
Frente a esta adversidad, la comunidad de Xochimilco y el sector científico están colaborando para encontrar soluciones innovadoras. Organizaciones como el banco de semillas Toxinachcal están rescatando y preservando variedades autóctonas de cempasúchil, que poseen una mayor resistencia a las condiciones climáticas cambiantes y a las plagas. A diferencia de las semillas híbridas importadas, que a menudo son más uniformes pero menos resilientes, las variedades locales ofrecen una diversidad genética crucial para la adaptación. Este esfuerzo conjunto busca no solo mitigar los efectos del cambio climático, sino también fortalecer la capacidad de los agricultores para enfrentar futuros desafíos, asegurando que la flor de cempasúchil continúe floreciendo y adornando los altares en cada Día de Muertos, manteniendo viva su esencia cultural y espiritual.
El Desafío Climático del Cempasúchil en Xochimilco
La emblemática flor de cempasúchil, que simboliza el Día de Muertos, enfrenta serios desafíos en Xochimilco debido al cambio climático. Las severas variaciones en el clima, con periodos de intensas lluvias seguidos de sequías prolongadas, han afectado drásticamente los cultivos. Estas condiciones han provocado pérdidas significativas en la producción, poniendo en riesgo la economía de los agricultores y la continuidad de una tradición ancestral. La situación se agrava por el aumento en el costo de los insumos agrícolas, lo que reduce aún más los márgenes de ganancia de los productores locales.
La flor de cempasúchil, también conocida como caléndula mexicana, es una pieza central en los altares del Día de Muertos, con sus pétalos anaranjados que, según la creencia, guían a las almas. Los agricultores de Xochimilco tradicionalmente siembran en julio para cosechar a finales de octubre, un ciclo que se ha visto alterado por las anomalías meteorológicas cada vez más frecuentes. Las lluvias fuera de temporada y los episodios secos han propiciado la aparición de plagas y enfermedades, complicando la gestión de los cultivos y aumentando los costos. Muchos productores reportan pérdidas de entre el 30% y el 50%, lo que dificulta cubrir los gastos y pone en riesgo el sustento de sus familias, obligándolos a reevaluar sus prácticas agrícolas y calendarios.
Innovación y Preservación: Estrategias para el Futuro del Cempasúchil
Frente a los desafíos climáticos, la comunidad de Xochimilco y la ciencia están uniendo esfuerzos para asegurar el futuro del cempasúchil. Iniciativas como el banco de semillas Toxinachcal juegan un papel crucial al conservar variedades nativas de esta flor, buscando ofrecer a los agricultores opciones más resistentes a las condiciones climáticas extremas. Esta colaboración entre conocimiento ancestral y avances científicos es vital para adaptar los cultivos y garantizar que la tradición del Día de Muertos siga viva.
El banco de semillas Toxinachcal trabaja activamente en la preservación de más de veinte tipos de cempasúchil autóctonos, reconociendo su diversidad genética superior frente a las variedades híbridas importadas, que, aunque son más uniformes y fáciles de comercializar, carecen de la resiliencia necesaria para los climas cambiantes. La bióloga Clara Soto enfatiza la importancia de estas variedades locales, cultivadas en México durante siglos, por su capacidad de adaptarse a las condiciones extremas y resistir plagas. La colaboración entre científicos y agricultores, que combinan el conocimiento heredado con soluciones innovadoras, se perfila como la clave para que, a pesar de los pronósticos complejos, la flor de cempasúchil, símbolo de resiliencia y tradición, continúe iluminando los altares.
