Un extenso estudio de ocho años, llevado a cabo por investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB), ha desvelado claves cruciales para optimizar la producción de tomate en invernaderos urbanos ubicados en azoteas. La investigación, que abarcó once ciclos de cultivo entre 2015 y 2023, subraya la vital importancia de mantener una transmisión lumínica adecuada y de ajustar el aporte de nutrientes para potenciar la productividad y mitigar la huella ecológica. Los hallazgos principales incluyen la necesidad de renovar periódicamente los materiales transparentes de los invernaderos para maximizar la entrada de luz solar, así como el potencial de la estruvita, un fertilizante derivado de aguas residuales, para sustituir parcialmente a los abonos convencionales, logrando rendimientos equiparables. Este enfoque integral no solo busca mejorar la eficiencia del cultivo, sino también su sostenibilidad ambiental en entornos urbanos.
El estudio, liderado por Guido Evangelista, examinó exhaustivamente múltiples variables que influyen en el rendimiento del tomate, incluyendo la radiación solar disponible, el consumo hídrico, el régimen de nutrientes y las repercusiones ambientales de diversas estrategias de manejo. Una de las observaciones más significativas fue la disminución progresiva de la productividad a medida que los materiales transparentes del invernadero se deterioraban, lo que resaltó la importancia crítica de la calidad de la luz para la fotosíntesis. La sustitución de estas cubiertas demostró ser una medida altamente efectiva, revirtiendo la caída de rendimiento y elevando la producción significativamente.
La implementación de estruvita como fuente de fósforo fue otro eje central de la investigación. Este fertilizante reciclado, obtenido de aguas residuales urbanas, se aplicó de manera optimizada y arrojó resultados comparables a los fertilizantes minerales tradicionales. Esta alternativa no solo contribuye a la economía circular al reutilizar recursos, sino que también disminuye la dependencia de fuentes minerales y reduce la contaminación de masas de agua. Los investigadores enfatizan que la fertilización debe ser dinámica, adaptándose a las fases de desarrollo del cultivo para satisfacer sus necesidades nutricionales específicas en cada etapa, desde el establecimiento de la planta hasta la fructificación.
El análisis comparativo entre el cultivo en invernadero de azotea y un cultivo interior con iluminación LED artificial también proporcionó datos relevantes sobre la huella ambiental. Mientras que el sistema interior mostró una alta eficiencia en el uso del agua, su impacto climático fue considerablemente mayor debido al elevado consumo de electricidad. Este contraste subraya la ventaja de aprovechar la luz solar natural en los invernaderos urbanos y sugiere que, para los cultivos interiores, la adopción de fuentes de energía renovable es fundamental para reducir su impacto ecológico. Los investigadores estimaron que el uso de energía solar fotovoltaica podría disminuir drásticamente la huella de carbono de los cultivos en ambientes controlados.
La investigación recalca que la sostenibilidad de un sistema agrícola no solo se mide por los insumos, sino también por la productividad. Los ciclos de cultivo con menor rendimiento mostraron una huella ambiental por kilogramo de tomate significativamente más alta, lo que demuestra que la eficiencia en la producción es clave para minimizar el impacto ecológico. Por lo tanto, mejorar la productividad mediante una gestión óptima de la luz y los nutrientes no solo es beneficioso económicamente, sino también ambientalmente, al distribuir los impactos entre una mayor cantidad de producto cosechado.
Los hallazgos de este estudio a largo plazo ofrecen una guía valiosa para la agricultura urbana, destacando la interconexión entre el diseño de la infraestructura, el manejo agronómico y la sostenibilidad. La recomendación de una renovación más frecuente de las cubiertas transparentes (cada cuatro a seis años) y la integración de fertilizantes recuperados son pasos concretos hacia sistemas de cultivo más eficientes y respetuosos con el medio ambiente. Este enfoque integral y adaptativo es esencial para el éxito de los proyectos de agricultura urbana, asegurando que estos espacios no solo produzcan alimentos, sino que lo hagan de manera sostenible.
