Los productores agrícolas del norte de Estados Unidos se encuentran ante un desafío crucial de cara a la campaña de 2027, debido a la confirmación de que poblaciones de amaranto acuático han desarrollado resistencia al glufosinato. Este herbicida, fundamental para el control de malezas persistentes, ha visto comprometida su eficacia, especialmente en Minnesota y el valle del Río Rojo, zonas vitales para la producción de remolacha azucarera. La preocupación principal de los agricultores es frenar la proliferación de estas plantas resistentes, evitando que generen semillas y agraven la infestación de los campos.
En marzo de 2026, la Universidad de Minnesota reportó el primer caso documentado de resistencia al glufosinato en amaranto acuático en el estado. Poco después, el 21 de octubre, LASCO Manufacturing destacó el uso comercial de equipos eléctricos para eliminar malezas que han sobrevivido a tratamientos previos y que sobresalen del cultivo. Ambos sucesos subrayan una problemática agrícola común: la disminución de la efectividad de las herramientas químicas y la imperiosa necesidad de adoptar enfoques de control multifacéticos.
La novedad no radica en que la electricidad reemplace por completo a los herbicidas, sino en su potencial integración dentro de programas de manejo que busquen reducir la capacidad de las malezas resistentes para producir semillas. Esta estrategia complementaria se vuelve esencial a medida que los métodos tradicionales pierden terreno.
El amaranto acuático, o Amaranthus tuberculatus, es una maleza de hoja ancha que representa una amenaza significativa para varios cultivos en Estados Unidos. Su capacidad para brotar durante períodos extensos, competir agresivamente con las plantas cultivadas y generar una enorme cantidad de semillas complica su manejo. La confirmación de una población resistente al glufosinato por parte de investigadores de la Universidad de Minnesota, tras reportes de control deficiente en 2023, reveló que esta población exhibía una resistencia entre 2,8 y 3 veces mayor que las poblaciones susceptibles.
Los ensayos en campo mostraron que la aplicación de glufosinato solo lograba un control del 60%, lo cual es insuficiente para erradicar la infestación. Además, se observó que las plantas dañadas podían recuperarse mediante el desarrollo de brotes laterales, explicando cómo malezas aparentemente afectadas logran sobrevivir y continuar su ciclo de vida. Esta capacidad de recuperación resalta la urgencia de métodos de control más robustos y diversificados.
La situación se agrava por la resistencia múltiple del amaranto acuático. Los investigadores de Minnesota descubrieron que las poblaciones estudiadas también presentaban una sensibilidad reducida a otros herbicidas como glifosato, atrazina, imazetapir, 2,4-D y fomesafén. Esta resistencia a múltiples mecanismos de acción es preocupante, ya que limita drásticamente las opciones químicas disponibles para los agricultores. A pesar de la búsqueda de nuevos herbicidas, la diversificación de métodos de manejo sigue siendo crucial. La Universidad de Minnesota aconseja combinar herbicidas residuales, rotar los mecanismos de acción y emplear medidas no químicas para mitigar la presión de selección sobre las malezas.
En el valle del Río Rojo, la producción de remolacha azucarera es una actividad económica fundamental. Las malezas que logran sobrevivir a los tratamientos representan un obstáculo adicional, especialmente en un contexto donde el amaranto acuático ha sido identificado como uno de los principales problemas de resistencia al glifosato. La competencia de estas malezas por agua, nutrientes y luz afecta el rendimiento del cultivo. Por ello, es imperativo evitar que las plantas resistentes maduren y produzcan semillas, para proteger la sanidad vegetal de la remolacha.
Ante este escenario, el control eléctrico emerge como una alternativa prometedora para las malezas supervivientes. La guía de producción de remolacha azucarera de la Universidad Estatal de Dakota del Norte para 2026 ya incluye esta opción para el amaranto acuático resistente al glifosato, cuando las plantas exceden la altura del cultivo. El objetivo es impactar las malezas que persisten tras otros métodos de control y reducir su capacidad de generar semillas viables. La empresa LASCO Manufacturing comercializa el equipo Lightning Weeder, que mediante descargas eléctricas daña las estructuras de las malezas al calentar sus fluidos celulares. Esta herramienta complementaria es especialmente útil cuando las malezas resistentes han superado la altura del cultivo principal, ofreciendo un método que no depende de herbicidas adicionales.
Estudios previos, como uno realizado en viñedos australianos, han demostrado la eficacia del control eléctrico de malezas, comparables a métodos químicos y mecánicos. No obstante, estos resultados no pueden extrapolarse directamente a la remolacha azucarera estadounidense, ya que las condiciones y el equipo eran diferentes. A pesar de ello, LASCO Manufacturing reporta que miles de acres fueron tratados con Lightning Weeder en el valle del Río Rojo durante la campaña de 2026, con resultados favorables y una reducción significativa de problemas con el amaranto acuático. Sin embargo, estas afirmaciones, provenientes del fabricante, carecen de validación científica independiente sobre tasas de control o rentabilidad. La alta demanda del equipo sugiere un interés creciente, pero también la necesidad de una planificación anticipada para la campaña de 2027.
La gestión del amaranto acuático requiere impedir su producción de semillas, dada su elevada capacidad reproductiva: una sola planta puede generar más de un millón de semillas. Las plantas que sobreviven a los herbicidas son particularmente problemáticas, ya que pueden introducir nuevas semillas en el suelo y transmitir resistencia a futuras generaciones. Por lo tanto, las estrategias de control deben evaluar no solo la apariencia inmediata del cultivo, sino también cuántas plantas sobreviven, si siguen creciendo y si producen semillas viables. Este enfoque es fundamental en el manejo integrado de malezas en cultivos extensivos, donde la combinación de herramientas es vital para reducir pérdidas y limitar la evolución de nuevas resistencias.
Sin embargo, el control eléctrico no está exento de limitaciones. Su eficacia puede variar según la altura y densidad de las malezas, el contacto con el equipo y el estado de desarrollo de las plantas. Además, requiere energía, mantenimiento y condiciones operativas seguras, con un riesgo potencial de incendio en presencia de residuos vegetales secos. Por lo tanto, su implementación debe evaluarse cuidadosamente, comparándola con otras opciones y adaptándola a un programa de manejo específico para cada explotación. La campaña de 2027 requerirá que los productores de remolacha azucarera identifiquen las especies que sobrevivieron, las áreas con mayor infestación y las medidas necesarias para la próxima temporada. El monitoreo y los análisis especializados son cruciales para determinar la efectividad de los herbicidas y planificar la prevención de nuevas infestaciones mediante la rotación de mecanismos de acción y otras intervenciones no químicas. La resistencia al glufosinato en Minnesota es una advertencia importante, destacando la necesidad de programas integrados para reducir la supervivencia y reproducción de malezas, adaptándose a las condiciones específicas de cada campo.
