Torrente

Investigación en EE. UU. Busca Proteger Calabazas de Plagas y Sequía

Oct 09, 2026

En Estados Unidos, la Universidad Estatal de Pensilvania está a la vanguardia de la investigación agrícola, concentrando sus esfuerzos en desarrollar métodos innovadores para salvaguardar la producción de calabazas y cucurbitáceas. El equipo científico busca armonizar la selección de especies vegetales resistentes, una gestión eficiente del agua y un control de insectos que no perjudique a los vitales polinizadores. Este enfoque integral es fundamental para mantener la viabilidad económica de un sector que, solo en Pensilvania, generó más de 27 millones de dólares en 2025.

La Penn State Extension, brazo divulgador de la universidad, actualizó en septiembre de 2026 sus hallazgos, subrayando la complejidad de producir cucurbitáceas bajo condiciones de sequía, infestación de plagas y la necesidad imperante de polinización. La investigación se centra en plagas como el escarabajo rayado del pepino, la chinche de la calabaza y el pulgón del melón, cuyas acciones pueden comprometer el desarrollo de las plantas y la calidad de la cosecha. La propuesta es clara: abordar estos desafíos de manera conjunta, no aislada.

El cultivo de calabazas tiene una gran relevancia en la economía de Pensilvania. Con más de 2.000 hectáreas dedicadas a su siembra, estas hortalizas se destinan tanto al consumo directo como a la industria procesadora y al mercado estacional. La rentabilidad de estos cultivos depende directamente de la capacidad de las plantas para crecer sin interrupciones, desde la formación de hojas hasta la maduración de los frutos. Cuando plagas o el estrés hídrico afectan las primeras etapas de crecimiento, las repercusiones se extienden a toda la temporada, impactando negativamente en la producción comercial.

Un eje central de los estudios se enfoca en cómo la disponibilidad de agua influye en la capacidad de las cucurbitáceas para resistir los ataques de insectos. La escasez hídrica altera el crecimiento y la fisiología vegetal, lo que puede modificar la tolerancia de las plantas a los daños causados por plagas. Por ello, es crucial evaluar las estrategias de control de insectos bajo diversas condiciones de humedad. Los experimentos, que incluyen la manipulación del suministro de agua en parcelas, buscan dilucidar qué decisiones de manejo pueden mitigar la vulnerabilidad de los cultivos tanto a la sequía como a las plagas.

El escarabajo rayado del pepino representa una de las amenazas más serias para los cultivos de cucurbitáceas. Este insecto no solo consume el tejido vegetal, sino que también puede ser vector de bacterias patógenas, especialmente perjudiciales en las primeras fases de desarrollo de la planta. El manejo efectivo de esta plaga exige una identificación precisa y una valoración de la magnitud de los daños. La premisa es no recurrir automáticamente a intervenciones químicas, sino monitorear las poblaciones y entender los riesgos para tomar decisiones fundamentadas.

Otras plagas, como la chinche de la calabaza y el pulgón del melón, también generan impactos negativos. Mientras la chinche provoca daños directos en el follaje, el pulgón, al alimentarse de la savia, puede transmitir virus. La presencia de múltiples plagas simultáneamente complejiza el manejo, ya que cada especie tiene particularidades biológicas y ciclos de actividad distintos. El control integrado de plagas busca combinar diversas tácticas para reducir la dependencia de insecticidas y preservar la salud del ecosistema agrícola.

La elección de la variedad de calabaza es una decisión fundamental, ya que las distintas variedades presentan variaciones en su crecimiento, adaptación ambiental y resistencia a problemas fitosanitarios. Los investigadores de Penn State enfatizan que la selección varietal debe integrarse con otras prácticas de manejo. Una variedad resistente a una plaga específica podría no serlo frente a otras, y su tolerancia a la sequía no garantiza un rendimiento óptimo bajo cualquier condición de estrés. La clave radica en la interacción entre el material vegetal y el entorno de cultivo.

La polinización es un factor crítico en la producción de cucurbitáceas, ya que muchas variedades requieren de la actividad de insectos polinizadores, principalmente abejas, para fructificar. Esta dependencia introduce un dilema en el control de plagas: las medidas para combatir insectos dañinos pueden afectar también a los beneficiosos. Proteger tanto los cultivos como a los polinizadores es, por tanto, una prioridad. La investigación ha destacado la importancia de las abejas especializadas en polinizar calabazas, lo que recalca la necesidad de estrategias que salvaguarden su existencia para asegurar la cosecha.

El uso de insecticidas debe realizarse con cautela, considerando sus efectos potenciales sobre los polinizadores. La eficacia y seguridad de estos productos dependen de múltiples factores, como el tipo de sustancia, el momento de aplicación, las condiciones climáticas y la actividad de las abejas. Estudios previos han revelado los riesgos de ciertos insecticidas, como el imidacloprid, para las abejas. Por ello, las estrategias de protección deben evaluar cuidadosamente las consecuencias de las intervenciones en todos los grupos de insectos y ceñirse a las recomendaciones técnicas y autorizaciones pertinentes.

Además del riego y el control de plagas, la nutrición del suelo es vital para el desarrollo de las cucurbitáceas. Una adecuada fertilización influye en el crecimiento vegetativo y reproductivo, impactando directamente en la floración y la fructificación. Investigaciones previas han establecido vínculos entre los niveles de nitrógeno y fósforo en el suelo, el desarrollo floral y la atracción de polinizadores. Esto subraya que la nutrición, el agua y la sanidad vegetal son componentes interconectados de un sistema productivo; mejorar un factor sin atender los otros puede no generar los resultados esperados.

La información divulgada por Penn State Extension enfatiza la necesidad de adaptar las estrategias de manejo a las condiciones específicas de cada explotación. El riego mitiga el estrés hídrico, pero no elimina plagas; la selección de variedades ofrece resistencia, pero no reemplaza la vigilancia sanitaria; y el control de plagas debe proteger a los polinizadores. Las condiciones ambientales variables y las particularidades de cada cultivo exigen un enfoque flexible y contextualizado. Los resultados de los ensayos, aunque no son una solución universal, proporcionan criterios valiosos para proteger las cosechas.

Esta investigación conjunta es una contribución significativa al sector agrícola, ofreciendo a los productores de calabazas y otras cucurbitáceas herramientas para desarrollar estrategias preventivas más eficientes. Dada la importancia económica de este cultivo en Pensilvania, la información ayuda a reducir las pérdidas y a fomentar una agricultura más resiliente ante los desafíos climáticos y biológicos. La integración de la selección varietal, el monitoreo del agua y la vigilancia de plagas son elementos clave para mantener la productividad en un entorno agrícola cada vez más cambiante.

LEER A CONTINUACIÓN