La apicultura en Corea del Sur se encuentra en una situación crítica debido a los profundos efectos del cambio climático. Las variaciones en los patrones estacionales han provocado floraciones más breves y anticipadas, lo que dificulta la recolección de néctar por parte de las abejas. Además, el aumento de vientos intensos, la aparición de nuevas enfermedades y la reducción general de las poblaciones de abejas están mermando significativamente la producción de miel. Esta problemática ha llevado a los apicultores, especialmente a los migratorios, a replantear sus rutas y métodos de trabajo, enfrentándose a un futuro incierto en una actividad tradicionalmente ligada al ritmo natural de la tierra.
El cambio climático desafía la milenaria tradición apícola de Corea del Sur
En el corazón de Corea del Sur, la apicultura, una práctica ancestral y esencial para el ecosistema, atraviesa una de sus pruebas más difíciles. El 5 de julio de 2026, la realidad de apicultores como Park Gyeong-je, un hombre de 65 años que ha dedicado su vida a las abejas, se vuelve un testimonio palpable de la crisis. Con sus 110 colmenas y 8,8 millones de abejas, Park ha sido testigo directo de cómo el calendario natural, que antes dictaba los movimientos de su negocio, se ha desdibujado.
Las floraciones, que antaño permitían hasta cuatro viajes para recolectar miel de acacia negra, ahora se han reducido a apenas dos, concentrando la producción en un lapso de uno o dos meses. Esta alteración ha resultado en una disminución del 70% en su cosecha de miel desde principios de los 2000, reflejando una profunda desincronización entre las abejas, las flores y las cambiantes condiciones climáticas.
Desde su residencia en el condado rural de Sancheong, cerca del monte Jirisan, Park solía coordinar sus rutas migratorias nocturnas, moviendo sus colmenas mientras las abejas dormían. La comunicación entre apicultores sobre las floraciones era vital, pero ahora, ese conocimiento tradicional se ve superado por la imprevisibilidad del clima. La marcada distinción estacional entre el sur y el centro del país, que antes beneficiaba la diversificación de la producción, ha casi desaparecido, dejando solo un verano y un invierno pronunciados.
Más allá de las floraciones, los vientos extremos representan un peligro adicional, dificultando el regreso de las abejas a sus colmenas y debilitando las colonias. Paralelamente, las condiciones más cálidas y variables han propiciado la proliferación de enfermedades y parásitos, incrementando la vulnerabilidad de las abejas melíferas. Esta combinación de factores climáticos adversos, escasez de alimento y presión sanitaria está comprometiendo seriamente la supervivencia de las colonias.
La miel de acacia negra, pilar del mercado surcoreano por su delicado sabor, es la más afectada. La merma en su producción no solo golpea las finanzas de los apicultores, sino que también pone en relieve la fragilidad de las economías rurales dependientes de ciclos estacionales específicos. Aunque Corea del Sur no es un exportador global masivo de miel, la exportación de 8,55 toneladas métricas en 2024 subraya la importancia de este sector para la subsistencia de muchas comunidades.
Un llamado a la acción y adaptación frente a un futuro incierto
La difícil situación de la apicultura en Corea del Sur sirve como una clara advertencia sobre las consecuencias del cambio climático en sectores económicos vitales y ecosistemas frágiles. Desde la perspectiva de un observador, esta crisis trasciende la mera producción de miel; es un símbolo del impacto global en la seguridad alimentaria y la biodiversidad.
La experiencia de apicultores como Park Gyeong-je nos impulsa a reconocer la urgencia de adoptar enfoques más holísticos. Es imperativo que se implementen tecnologías de monitoreo de colmenas y alertas climáticas, y que se fortalezca el apoyo a los apicultores migratorios para que puedan adaptarse a las nuevas realidades. Proteger y expandir los hábitats con flores, reducir el uso de pesticidas y fomentar la biodiversidad son pasos cruciales para asegurar la salud de las abejas y, por ende, la sostenibilidad de nuestros sistemas agrícolas.
Esta crisis subraya que las decisiones locales en la agricultura están cada vez más interconectadas con eventos globales. Un calor extremo en Estados Unidos, una sequía en India o cambios regulatorios en Europa pueden tener repercusiones directas en la apicultura surcoreana. La gestión agrícola moderna debe integrar una comprensión profunda del clima, el comercio, la sanidad y la política internacional para construir un futuro más resiliente para todos.
