La expansión de las variedades de calabaza híbridas no está desplazando de manera uniforme a las variedades tradicionales entre los pequeños agricultores del norte de Vietnam. Una investigación reciente, que abarcó 178 hogares agrícolas en 15 aldeas, ha revelado que la decisión de los productores de adoptar, mezclar o abandonar las semillas introducidas se ve influenciada por una combinación dinámica de factores que incluyen el rendimiento, el acceso al mercado, la disponibilidad de tierras y mano de obra, las necesidades alimentarias y la integración del cultivo en el sistema agrícola existente. Este hallazgo desafía la percepción común de que la modernización agrícola conduce inevitablemente a la eliminación de las variedades autóctonas.
El estudio, publicado en Agronomy for Sustainable Development, fue fruto de la colaboración entre expertos de la Universidad de Wageningen y el Centro Internacional de Agricultura Tropical, junto con la Universidad Nacional de Agricultura de Vietnam. El equipo llevó a cabo entrevistas detalladas no solo con los agricultores, sino también con comerciantes de frutas y semillas, representantes de empresas semilleras, autoridades locales y especialistas agrícolas. Los resultados sugieren que las elecciones de los agricultores son mucho más fluidas de lo que se creía, adaptándose a los cambios en sus condiciones productivas y económicas.
La investigación comparó dos regiones agrícolas con características contrastantes: Mai Son, en la provincia de Son La, ubicada a unos 700 metros sobre el nivel del mar, y Sa Pa, en Lao Cai, a aproximadamente 1.600 metros de altitud. Estas diferencias geográficas se traducen en variaciones significativas en temperatura, ciclos agrícolas y oportunidades productivas.
En Mai Son, los investigadores identificaron cuatro grupos de agricultores: aquellos que habían abandonado las calabazas tradicionales en favor de las variedades introducidas; quienes mantenían tanto las variedades tradicionales como las introducidas; productores que habían probado las nuevas variedades pero regresaron a las tradicionales; y familias que nunca adoptaron las variedades introducidas. En contraste, en Sa Pa, no se encontró ningún grupo que hubiera sustituido por completo las calabazas tradicionales, lo que demuestra la persistencia de las variedades locales en las explotaciones de mayor altitud.
La llegada de las semillas híbridas a las zonas montañosas de Vietnam se produjo alrededor de 2006. Aunque estas variedades ofrecen ventajas como mayor productividad y uniformidad, su adopción no es universal. Las calabazas tradicionales, por su parte, conservan características valiosas para las familias, como el sabor, su uso en el autoconsumo y la alimentación animal, y su adaptación a los sistemas de cultivo existentes, además de la posibilidad de guardar sus propias semillas para futuras siembras.
La relación con el mercado fue un factor clave en Mai Son, donde el acceso a comerciantes de fruta favoreció el cultivo de híbridos. Los agricultores también aprovechaban el clima para intercalar el cultivo de calabazas híbridas entre plantaciones jóvenes de árboles frutales. Sin embargo, en Sa Pa, las condiciones climáticas más frías y las dificultades para combinar los híbridos con otros cultivos, como el maíz, limitaron su adopción. Estas diferencias resaltan que la elección de semillas no se basa únicamente en el rendimiento potencial, sino en la interacción compleja con el sistema productivo general.
Otro aspecto fundamental fue el origen de las semillas. Más del 90% de los agricultores obtenían las semillas de las calabazas tradicionales de sus propias cosechas, o a través de redes comunitarias. Para las variedades introducidas, la disponibilidad comercial era a menudo limitada. La selección de semillas, observaron los investigadores, se realizaba principalmente después de la cosecha, basándose en características como la forma, el sabor y el valor comercial. Esta práctica de conservación activa subraya la importancia de que las variedades sigan siendo útiles para los agricultores.
Las calabazas cumplen múltiples funciones en las comunidades estudiadas, más allá de la venta. Hojas, brotes, flores, frutos y semillas se utilizan para la alimentación humana y animal. Las decisiones sobre qué variedades cultivar están influenciadas por los cambios en otros sectores de la explotación, como la expansión de árboles frutales o la evolución del cultivo de maíz. Este enfoque integral es crucial para entender la dinámica de la adopción de semillas.
En última instancia, el estudio enfatiza que la adopción de semillas es un proceso continuo. Los agricultores pueden experimentar, combinar variedades y, finalmente, decidir mantener o abandonar ciertos tipos. Las variedades tradicionales persisten cuando continúan aportando valor a las necesidades productivas, alimentarias y económicas de las familias. Esta comprensión matizada es esencial para desarrollar iniciativas que promuevan nuevas variedades o conserven materiales tradicionales, al considerar las prioridades cambiantes de los agricultores, las condiciones agroecológicas, el mercado y la organización integral de cada sistema productivo.
