Vegetativo

La Despedida del Ficus de Triana: Un Símbolo que Se Va

Aug 11, 2025

La historia de un icónico árbol en Triana, el ficus de San Jacinto, ha llegado a su inevitable conclusión. Tras años de debate y esfuerzos por mantenerlo con vida, el Ayuntamiento de Sevilla ha procedido con su retirada definitiva. Esta acción se produce dos años después de una controvertida poda que generó una gran movilización ciudadana y puso de manifiesto las diferentes sensibilidades en torno al patrimonio verde urbano. A pesar de los intentos de recuperación, como la ampliación de su alcorque y riegos constantes, la Delegación de Arbolado, Parques y Jardines ha declarado que el ejemplar estaba muerto desde 2022, y su deterioro interno representaba un riesgo significativo para la seguridad de los transeúntes.

La polémica en torno a este árbol se intensificó con la caída de una rama que causó heridos, lo que encendió las alarmas sobre su estado. En 2022, la comunidad religiosa Dominicos, con el permiso municipal, inició la tala basándose en estudios técnicos que justificaban la intervención. Esta medida fue respondida con fuertes protestas y la interposición de recursos legales que detuvieron temporalmente los trabajos. Con la llegada de una nueva administración municipal, se buscó un acuerdo para el mantenimiento del árbol y la gestión del espacio circundante, incluso solicitando un informe independiente para evaluar su viabilidad. Sin embargo, un dictamen posterior certificó el colapso biológico del ficus, atribuyéndolo a factores como la pérdida de follaje, la exposición extrema al sol y la proliferación de hongos. A pesar de una moratoria para estudiar opciones de conservación como elemento conmemorativo, ninguna solución viable fue hallada, llevando a la decisión final de su remoción.

La retirada del ficus ha generado reacciones encontradas entre las autoridades y los grupos defensores del medio ambiente. Mientras el ayuntamiento, a través de la concejala Evelia Rincón, insiste en la muerte del árbol y la avanzada putrefacción de su madera, organizaciones como Pacma y plataformas ciudadanas denuncian un incumplimiento del mandato de conservar el tocón, argumentando que informes recientes no indicaban un peligro inminente. La municipalidad, por su parte, reitera haber agotado todas las vías para la revitalización del árbol y que su permanencia representaba un riesgo inaceptable. Ahora, el desafío radica en decidir qué especie vegetal lo reemplazará, con el objetivo de restaurar los beneficios ambientales y simbólicos que el ficus ofrecía, al tiempo que se busca honrar su memoria. Este episodio subraya la importancia de una planificación urbana que concilie el desarrollo de las ciudades con la preservación de su riqueza natural y la participación ciudadana.

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