La agricultura mundial se enfrenta a un desafío creciente: la escasez hídrica. Un reciente estudio internacional ha desvelado que la aparición simultánea de sequías graves en las principales zonas de producción agrícola podría generar un aumento significativo en el valor global del trigo, llegando incluso a triplicarlo bajo un escenario de calentamiento global de aproximadamente 3 °C. Esta investigación, publicada en la revista Earth's Future, analiza de manera profunda cómo la falta de agua se traslada desde los campos hasta los mercados, combinando datos climáticos, áreas de cultivo y fluctuaciones de precios internacionales para ofrecer una perspectiva integral sobre este fenómeno.
El análisis subraya que la magnitud de la escasez hídrica a nivel mundial explica aproximadamente el 74% de las variaciones anuales en el precio global del trigo entre 2000 y 2021. Este dato es crucial, ya que demuestra la marcada sensibilidad del mercado a la disponibilidad de agua, especialmente cuando múltiples regiones agrícolas vitales se ven afectadas por la sequía de forma concurrente o en rápida sucesión. Jørgen E. Olesen, profesor y director del Departamento de Agroecología de la Universidad de Aarhus, Dinamarca, coautor del estudio, enfatiza la importancia de esta documentación, que establece una relación clara entre la sequía globalizada y los precios que enfrentan tanto los mercados alimentarios como los consumidores.
Para evaluar este impacto, el equipo de investigación desarrolló un indicador innovador denominado Escasez Hídrica Severa (SWS, por sus siglas en inglés). Esta herramienta cuantifica la proporción de tierras agrícolas globales que experimentan sequía durante los periodos en que cada cultivo es más vulnerable a la falta de agua. A diferencia de los análisis centrados en una única región, este enfoque evalúa la coincidencia de condiciones adversas en diversas zonas productoras. Mientras que una pérdida local puede ser compensada por una buena cosecha en otra parte del mundo, la ocurrencia simultánea de varias sequías reduce drásticamente esta capacidad de compensación, exacerbando el riesgo para la seguridad alimentaria. Este problema se agrava cuando fenómenos climáticos a gran escala, como un Niño severo, alteran los patrones de precipitación en múltiples continentes, amenazando simultáneamente cultivos esenciales como el trigo, el maíz y el arroz.
El indicador SWS considera tanto la extensión geográfica como la duración de la sequía, diferenciando entre una escasez de lluvia breve fuera del período crítico y un déficit hídrico prolongado que coincide con las etapas cruciales de formación y llenado del grano. Los resultados muestran que la relación entre la escasez hídrica y los precios es significativamente más fuerte para el trigo que para el maíz, mientras que en el caso del arroz, no se encontró una asociación comparable durante el período de estudio. El trigo, un alimento básico y un producto comercial clave a nivel mundial, es particularmente sensible; las pérdidas en varios países exportadores pueden repercutir rápidamente en los precios internacionales, los costos de molienda y, en última instancia, en el precio de productos finales como el pan y la pasta.
Los datos históricos revelan que, en un año promedio, aproximadamente el 5% de la superficie mundial dedicada al trigo experimenta escasez hídrica severa. No obstante, esta proporción ha aumentado con el calentamiento global, superando el 15% en años de sequía extrema como 2000, 2010, 2012 y 2020. Los modelos climáticos proyectan que esta tendencia continuará, con una proporción cada vez mayor de regiones trigueras sufriendo déficits hídricos severos a medida que la temperatura global aumenta. El riesgo económico no solo reside en la intensidad de cada sequía, sino en la concurrencia de estos eventos en varias zonas exportadoras durante la misma campaña agrícola. Se estima que, con un calentamiento global de aproximadamente 2 °C, el precio medio del trigo podría rondar los 273 dólares por tonelada, y en un escenario de casi 3 °C, podría alcanzar los 364 dólares por tonelada, lo que representa aproximadamente el triple del precio de 2010 ajustado por inflación.
Estas proyecciones, aunque basadas en modelos, resaltan la necesidad urgente de adaptar las prácticas agrícolas y las políticas comerciales. La capacidad del comercio internacional para mitigar los efectos de una mala cosecha regional se ve comprometida cuando la escasez hídrica afecta a múltiples productores y exportadores importantes. En tales circunstancias, la competencia por un volumen reducido de productos aumenta, los países importadores recurren a sus reservas y los gobiernos pueden imponer restricciones comerciales, exacerbando la volatilidad de los precios. Por lo tanto, es fundamental que agricultores, comercializadores y gobiernos implementen estrategias de adaptación, como la conservación de la humedad del suelo, el ajuste de las fechas de siembra, el uso de variedades resistentes y la mejora de la eficiencia del riego. La sequía debe ser vista como un desafío global que requiere una respuesta coordinada, ya que sus efectos pueden trascender fronteras y afectar a hogares en todo el mundo.
