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La gestión de la acidez del suelo: un enfoque a largo plazo para la sostenibilidad agrícola

Nov 08, 2026

La gestión adecuada de la acidez en suelos agrícolas no debe ser una cuestión estacional, sino una estrategia a largo plazo. Un reciente estudio llevado a cabo por la Universidad de Alberta, en Canadá, ha puesto de manifiesto que las decisiones tomadas en relación con la fertilización, el encalado y la rotación de cultivos pueden tener efectos que se extienden por varios años, influyendo directamente en la productividad de las futuras cosechas. Esta investigación, publicada en el Canadian Journal of Plant Science, resalta la necesidad de una planificación agrícola que trascienda el corto plazo, considerando el impacto acumulativo de estas prácticas en las propiedades químicas del suelo y la disponibilidad de nutrientes.

El estudio canadiense demostró que la corrección de la acidez durante el cultivo de leguminosas forrajeras puede ser beneficiosa para cereales subsiguientes, como el trigo y la avena, incluso si estos no muestran una respuesta directa e inmediata al encalado en términos de rendimiento. Este hallazgo es crucial para regiones como el oeste canadiense, donde la intensificación agrícola y el uso continuo de fertilizantes han alterado progresivamente las condiciones del terreno. La investigación sugiere que el encalado debería ser evaluado a lo largo de múltiples ciclos de rotación, lo que podría implicar períodos de diez a quince años, para observar sus efectos completos y sistémicos en el ecosistema del suelo.

Los investigadores de la Universidad de Alberta examinaron datos recopilados durante cuarenta años, desde 1980 hasta 2020, en las parcelas experimentales Breton Plots. Este extenso período de observación permitió un análisis detallado de cómo diversas estrategias de manejo agrícola impactan la fertilidad del suelo. El análisis incluyó el uso de fertilizantes sintéticos, estiércol y cal agrícola dentro de una rotación de cinco años, que comprendía trigo, avena, cebada y una mezcla forrajera de alfalfa y bromo. El propósito fundamental no era solo identificar el tratamiento más ventajoso para una cosecha específica, sino comprender las complejidades de cómo las intervenciones en una etapa de la rotación influyen en las condiciones disponibles para cultivos futuros, ofreciendo una perspectiva más holística y sostenible del manejo agrícola.

Uno de los descubrimientos más relevantes fue la notable respuesta de las leguminosas forrajeras, en particular la alfalfa, al encalado. En las parcelas que recibieron fertilizantes sintéticos, la aplicación de cal no solo estimuló el crecimiento de la alfalfa, sino que también potenció la fijación biológica de nitrógeno y la absorción de otros nutrientes esenciales. Esto se debe a la capacidad de la alfalfa para formar asociaciones simbióticas con bacterias que convierten el nitrógeno atmosférico en formas utilizables por las plantas. Una vez que las condiciones del suelo son óptimas para este proceso, una parte de este nitrógeno se incorpora al sistema y queda disponible para los cultivos que le suceden en la rotación.

Los investigadores observaron que el trigo y la avena sembrados después de la alfalfa, cultivada en suelos encalados, mostraban una mayor asimilación de nitrógeno. Sin embargo, este beneficio en los cereales no se tradujo necesariamente en un aumento directo del rendimiento debido al encalado. Más bien, el impacto fue indirecto, mejorando el funcionamiento general del sistema de rotación. El profesor Miles Dyck, especialista en suelos de la Universidad de Alberta, enfatizó que la mejora de las condiciones para una especie puede tener un efecto cascada, beneficiando a otras plantas cultivadas en el mismo terreno. Esto refuerza la idea de que la planificación a largo plazo y la evaluación de los tratamientos de suelo deben abarcar varios ciclos de cultivo.

A pesar de los beneficios, la investigación también destacó un aspecto aparentemente contradictorio: aunque la alfalfa puede mejorar la disponibilidad de nitrógeno, también puede contribuir a la acidificación progresiva del suelo. Durante su crecimiento, las raíces de la alfalfa absorben grandes cantidades de cationes, como calcio y magnesio, liberando acidez al entorno radicular. Además, al cosechar el forraje, una porción de estos nutrientes se elimina del sistema agrícola. Esta extracción constante puede acelerar la disminución del pH si no se implementan medidas adecuadas de reposición. Este hallazgo no sugiere abandonar el cultivo de alfalfa, sino integrarlo en una planificación que contemple sus efectos en la química del suelo, así como en la nutrición mineral y la calidad de los cultivos.

El estudio también exploró las consecuencias de utilizar diversas fuentes de nutrientes a lo largo del tiempo. Las parcelas tratadas con fertilizantes sintéticos experimentaron una acidificación más rápida, incluso con aplicaciones de cal, lo que indica que la corrección del pH no siempre es una solución permanente. Por otro lado, el estiércol demostró una mayor eficacia en ralentizar la acidificación en comparación con los fertilizantes sintéticos. Este comportamiento se atribuyó a la devolución de nutrientes como calcio y magnesio al suelo, que ayudan a mantener su capacidad de amortiguación. Es fundamental reconocer que los efectos varían según los materiales, las dosis y las condiciones específicas del terreno. Además, la relación entre la fertilización y las propiedades biológicas del suelo es crucial, ya que un uso excesivo de fertilizantes puede afectar negativamente a las comunidades microbianas beneficiosas al alterar persistentemente las condiciones químicas.

La aplicación de cal agrícola es una herramienta vital para neutralizar la acidez del suelo y crear un ambiente óptimo para ciertos cultivos. No obstante, su efectividad depende de factores como el pH inicial, la capacidad amortiguadora del terreno, la profundidad de incorporación y las necesidades específicas de las especies cultivadas. La investigación canadiense enfatiza que estas aplicaciones deben ser planificadas considerando sus efectos acumulados a largo plazo, en lugar de enfocarse únicamente en la respuesta inmediata de una cosecha. En este sentido, el encalado debe basarse en diagnósticos precisos y un seguimiento constante para determinar cuándo es necesario realizar nuevas correcciones. Los autores del estudio advierten que las prácticas agrícolas actuales pueden llevar a una acidificación gradual durante décadas, y recuperar condiciones óptimas una vez que aparecen pérdidas significativas de productividad puede requerir inversiones y largos períodos de recuperación. Por lo tanto, la gestión preventiva de la acidez es fundamental para la sostenibilidad agrícola.

Otro aspecto fundamental del estudio se centra en la relevancia de la profundidad al realizar análisis de suelo. En sistemas de labranza cero o reducida, la acidificación tiende a concentrarse en los primeros ocho centímetros del terreno, donde se siembran y fertilizan las semillas repetidamente. Los métodos de análisis tradicionales, que toman muestras a mayores profundidades (como 15, 30 o 61 centímetros), pueden no identificar adecuadamente estas zonas superficiales ácidas. Por esta razón, los investigadores recomiendan realizar muestreos por capas y repetir las evaluaciones en puntos y profundidades comparables a lo largo del tiempo. Esta estrategia permite identificar cambios graduales antes de que causen un impacto significativo en los cultivos más sensibles. La adaptación de las intervenciones a las características locales es crucial, como se ha observado en experiencias de recuperación de suelos en China, donde las prácticas de manejo se ajustan a las condiciones específicas de cada región.

La principal conclusión del estudio resalta que la productividad de una rotación de cultivos no puede ser evaluada únicamente por el rendimiento individual de cada cosecha. Una intervención que beneficia a una leguminosa puede, a su vez, mejorar la absorción de nitrógeno por los cereales subsiguientes. No obstante, esa misma leguminosa podría también influir en la acidez del suelo mediante la absorción y extracción de nutrientes. Esta interacción compleja demanda una consideración integral de la química del suelo, la actividad biológica, las fuentes de fertilización y la secuencia de los cultivos. Es fundamental realizar análisis periódicos del pH, identificar las capas donde se concentra la acidez y planificar el encalado para proteger especies vulnerables como la alfalfa y otras leguminosas. Los resultados, derivados de un sistema experimental específico del oeste de Canadá, subrayan que el manejo preventivo de la acidez puede generar beneficios que se manifiestan después de varias temporadas, especialmente cuando las decisiones agronómicas se coordinan en toda la rotación.

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