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La orina humana como fertilizante: una solución agrícola sostenible

Sep 10, 2026

La orina humana, comúnmente considerada un subproducto, se perfila como un recurso valioso para la fertilización agrícola. Científicos de la Universidad de Tecnología de Sídney, Australia, han estado investigando activamente cómo aprovechar sus componentes esenciales: nitrógeno, fósforo y potasio, todos fundamentales para el crecimiento de los cultivos.

Cada año, un adulto genera aproximadamente 500 litros de orina, y la recuperación de una parte de este volumen podría reponer nutrientes en los suelos, disminuir la contaminación de las aguas residuales y complementar los fertilizantes convencionales, especialmente en áreas agrícolas cercanas a entornos urbanos. Esta práctica no es novedosa; civilizaciones antiguas ya la empleaban antes de la popularización de los fertilizantes sintéticos, que actualmente son cruciales para gran parte de la producción alimentaria global. Aunque la orina representa un pequeño porcentaje del total de aguas residuales, concentra una cantidad significativa de los nutrientes que los seres humanos excretan. El nitrógeno se encuentra principalmente como urea, mientras que el fósforo y el potasio son recuperables para la producción de fertilizantes, promoviendo así una economía circular de nutrientes donde los elementos extraídos del suelo regresan a él, similar al reciclaje de fósforo para reducir la dependencia de recursos minerales finitos.

El uso de la orina como fertilizante también podría disminuir el consumo energético asociado al tratamiento de aguas residuales y a la fabricación de fertilizantes nitrogenados. No obstante, la alta concentración de agua en la orina la hace costosa de transportar sin procesamiento a largas distancias, y su efectividad agrícola varía según la dosis, el cultivo, el suelo, la humedad y el método de aplicación. Para su aplicación agrícola, la orina debe ser separada en el punto de origen, almacenada, higienizada, concentrada o transformada. Durante el almacenamiento, la urea se convierte en amoníaco, lo que puede reducir patógenos pero también causar pérdidas de nitrógeno si el sistema no está debidamente sellado. Los controles sanitarios son vitales, ya que la contaminación fecal puede introducir microorganismos patógenos, y los residuos de medicamentos y bacterias resistentes a los antibióticos requieren una evaluación cuidadosa. Una aplicación excesiva puede llevar a una saturación de nitrógeno o sales, resultando en la pérdida de amoníaco y el desplazamiento de nutrientes hacia las aguas, lo que podría alterar los microorganismos beneficiosos del suelo.

En resumen, los fertilizantes derivados de la orina ofrecen una alternativa prometedora, especialmente en regiones donde la recolección, el tratamiento y el uso agrícola pueden integrarse, conectando así la infraestructura sanitaria con las necesidades de los agricultores. Su adopción a mayor escala dependerá de la implementación de normativas sanitarias claras, sistemas rigurosos de control de calidad, la aceptación por parte de la sociedad, y el desarrollo de infraestructuras adecuadas que aseguren su competitividad económica. No obstante, esta práctica no reemplazará por completo el uso de insumos industriales, sino que se integrará como parte de una estrategia más amplia que combine diversas fuentes de nutrientes para mejorar la salud del suelo y la productividad agrícola. El potencial del "oro líquido" radica en sus nutrientes, pero su gestión responsable exige transformarlo de un desecho variable en un insumo seguro, estable y dosificable, lo que las investigaciones actuales buscan lograr sin introducir riesgos sanitarios o ambientales.

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