Torrente

La sequía asola los campos de arroz del Valle del Po

Jul 05, 2026

La región arrocera europea, centrada en el Valle del Po en Italia, experimenta un inicio de verano extraordinariamente seco, lo que genera una crisis hídrica que amenaza la producción de arroz. La ausencia de precipitaciones primaverales y una ola de calor temprana han provocado que los campos de cultivo carezcan del agua necesaria para el desarrollo de la planta. Esta situación no solo compromete la cosecha actual, sino que también reabre discusiones sobre la gestión sostenible de los recursos hídricos y la urgencia de implementar estrategias agrícolas adaptadas a los nuevos patrones climáticos.

En el corazón de Lombardía, específicamente en la provincia de Pavía, los arrozales de agricultores como Sharon Angoli, de 22 años, y su padre Carlo, en Torre Beretti, muestran una imagen desoladora. Las parcelas, acostumbradas a estar inundadas en esta época del año, permanecen secas, con las plantas de arroz debilitadas y la proliferación de malezas que compiten por los escasos recursos. Un campo ya se considera perdido, una señal alarmante de la magnitud del problema que se extiende por toda la región.

La escasez de agua se gestó durante una primavera con lluvias insuficientes, lo que impidió la acumulación de reservas hídricas necesarias para el periodo estival. La situación se ha exacerbado con la llegada anticipada de temperaturas superiores a los 30 °C. Los expertos locales señalan la necesidad crítica de unos 50 milímetros de lluvia, pero sin granizo, un equilibrio delicado que ilustra la vulnerabilidad del cultivo. El Valle del Po ya sufrió una sequía similar en 2022, resultando en pérdidas significativas para los productores de arroz.

La Autoridad del Río Po ha emitido alertas sobre el estado crítico de varios cursos de agua en el norte de Italia. Los lagos, que normalmente alimentan el Po y sus afluentes, están siendo drenados a un ritmo acelerado para satisfacer la demanda, lo que sugiere un posible agotamiento en pocas semanas. Esta presión sobre las reservas hídricas complica aún más la planificación del riego en una zona vital para la producción de arroz.

La falta de inundación en los arrozales, que en condiciones normales protegen el cultivo de malezas y regulan el suelo, ha permitido que estas últimas prosperen. Nicola Valdi, una agricultora vecina, destaca que una planta sana debería producir entre 70 y 80 granos, mientras que los brotes afectados por la sequía apenas alcanzan los 10. Además, la ausencia de agua aumenta la absorción de cadmio tóxico por parte de las plantas, comprometiendo la calidad del producto.

La crisis hídrica ha desatado conflictos por la distribución del agua entre las diferentes regiones del norte de Italia. Productores de Lombardía acusan a los de Piamonte de un uso excesivo, mientras que en el delta del Po se lamenta la escasa disponibilidad de agua. Aunque se han implementado rotaciones de agua, la preocupación por las pérdidas de cultivos es palpable si no llegan lluvias en los próximos días.

Silvia Garavaglia, de Coldiretti, una organización agrícola, critica la falta de inversión en infraestructuras para almacenar agua durante el invierno, una demanda que el sector ha mantenido por dos décadas. Legambiente, una organización ambiental, aboga por una transformación en la ingeniería agrícola para mitigar la demanda de agua en verano, sugiriendo la reducción de la superficie cultivada con maíz y la modificación de la gestión hídrica del arroz.

Algunos agricultores han intentado diversificar con cultivos como trigo o soja, pero la rentabilidad no es comparable a la del arroz, limitando las opciones de adaptación. La sequía actual se enmarca en una ola de calor europea atribuida al cambio climático, lo que presagia una mayor frecuencia de veranos secos y la necesidad urgente de una gestión agrícola innovadora y sostenible para la supervivencia del cultivo de arroz en la región.

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