Torrente

La Sequía Golpea la Producción de Soja en Uruguay, Reduciéndola a la Mitad

Aug 12, 2026

La agricultura uruguaya sufrió un duro revés en la campaña 2025/2026, con una disminución drástica en la producción de soja, que se redujo a la mitad en comparación con el ciclo anterior. Este descenso, atribuido a la prolongada sequía que azotó el país, ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de los cultivos de secano y la necesidad urgente de adaptar las prácticas agrícolas a un clima cada vez más impredecible.

Noticia Detallada: La Producción de Soja en Uruguay Desplomada por la Sequía

En el corazón de la región sudamericana, durante la primavera de 2025 y el verano de 2026, una sequía inclemente azotó a Uruguay, marcando un antes y un después en su sector agrícola. El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), a través de su Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA), ha confirmado el impacto devastador en la producción de soja, el cultivo estival más extendido del país.

La cosecha de soja, que en el ciclo anterior 2024/2025 había alcanzado un récord de 3.8 millones de toneladas, se desplomó a solo 1.98 millones de toneladas en la campaña 2025/2026. Esta cifra representa una reducción cercana al 50%. La superficie cultivada de soja se mantuvo en 1.15 millones de hectáreas, pero el rendimiento promedio se contrajo un alarmante 45%, pasando de 3.121 a 1.721 kilogramos por hectárea.

La falta de humedad en fases críticas del desarrollo de las plantas fue el principal factor detrás de esta caída. Los cultivos de secano fueron los más afectados, registrando un rendimiento de 1.800 kg/ha, en contraste con los 3.170 kg/ha del año previo. Aunque las áreas bajo riego también vieron una ligera disminución, alcanzando 3.421 kg/ha frente a los 4.234 kg/ha anteriores, su productividad fue significativamente superior a la de los cultivos dependientes de la lluvia, evidenciando la importancia vital del agua controlada en tiempos de escasez.

Esta situación extrema llevó al gobierno uruguayo a declarar emergencia agropecuaria por déficit hídrico en varias zonas, afectando no solo a la soja sino también a otros cultivos como el maíz. La producción de maíz de primera en secano cayó a 5.088 kg/ha, desde los 6.438 kg/ha del año anterior, mientras que el maíz de riego disminuyó de 12.902 a 11.680 kg/ha. La sequía, por lo tanto, no discriminó, golpeando a la cadena productiva en su conjunto.

El impacto de esta crisis trascendió las fronteras agrícolas, alcanzando las finanzas nacionales. Las exportaciones de soja durante los primeros siete meses de 2026 generaron 457 millones de dólares, un 36% menos que los 713 millones de dólares obtenidos en el mismo período de 2025. Esta reducción de ingresos afectó a productores, transportistas y exportadores, y relegó a la soja de su posición prominente en la lista de bienes exportados de Uruguay.

A pesar de la adversidad, la soja conservó su liderazgo como el principal cultivo estival, seguida por el maíz. Para los cultivos de invierno de 2026, la intención de siembra de grano seco se estimó en 825.712 hectáreas, una de las cifras más altas históricamente, aunque su confirmación dependerá de la encuesta de primavera en diciembre.

Este episodio subraya la imperiosa necesidad de implementar estrategias de gestión hídrica más eficientes y de adoptar tecnologías que permitan una mayor resiliencia ante la variabilidad climática, como variedades tolerantes a la sequía, rotación de cultivos y el uso de herramientas digitales para una planificación más precisa.

Este evento climático extremo nos recuerda la intrínseca conexión entre la agricultura y el medio ambiente. La drástica reducción en la cosecha de soja en Uruguay es una clara señal de alarma sobre cómo la variabilidad climática puede impactar directamente la seguridad alimentaria y la estabilidad económica de las naciones. Nos invita a reflexionar sobre la urgente necesidad de invertir en investigación y desarrollo de prácticas agrícolas sostenibles y tecnologías de riego avanzadas. Es fundamental que los gobiernos y los agricultores colaboren para desarrollar estrategias de adaptación que permitan mitigar los efectos de fenómenos meteorológicos cada vez más frecuentes e intensos, asegurando así la resiliencia de la producción alimentaria para las generaciones futuras.

LEER A CONTINUACIÓN