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Los patrones fractales naturales atraen a los niños desde temprana edad

Jul 17, 2025

Un estudio innovador ha revelado que, a la temprana edad de tres años, los infantes ya demuestran una inclinación por los patrones fractales presentes en el entorno natural, una preferencia que se asemeja a la de los adultos. Este descubrimiento desafía la noción de que dicha afinidad se adquiere exclusivamente a través de la exposición ambiental prolongada, sugiriendo en cambio una posible predisposición innata o un desarrollo muy temprano de esta capacidad visual.

La investigación, publicada en la revista Humanities and Social Sciences Communication, examina cómo las diferencias en el procesamiento cognitivo pueden influir en la percepción de los fractales. Previamente, se pensaba que la predilección por estos patrones se desarrollaba a lo largo de la vida, moldeada por factores ambientales y madurativos. Sin embargo, los recientes hallazgos indican que esta preferencia visual podría estar arraigada desde una fase muy temprana del desarrollo, o incluso ser intrínseca al ser humano.

En el estudio participaron 82 adultos, con edades comprendidas entre los 18 y 33 años, y 96 niños, cuyas edades oscilaban entre los 3 y 10 años. A todos los participantes se les presentaron en pantallas de computadora diversas imágenes de patrones fractales, tanto exactos como estadísticos, con diferentes grados de complejidad. Los fractales exactos se caracterizan por su repetición precisa en todas las escalas y a menudo presentan simetría, como los copos de nieve. Por otro lado, los fractales estadísticos se repiten de manera similar, aunque no idéntica, a lo largo de las escalas y carecen de simetría, ejemplos de estos son las costas o las nubes.

Los resultados revelaron que, al elegir entre pares de imágenes con distintas complejidades, los participantes, tanto niños como adultos, mostraron una preferencia por los patrones exactos de mayor complejidad. En contraste, la preferencia por los fractales estadísticos alcanzó su punto máximo con una complejidad baja a moderada, disminuyendo a medida que la complejidad aumentaba. Curiosamente, a pesar de las diferencias generacionales en el procesamiento, la tendencia general de preferencia se mantuvo constante entre ambos grupos etarios.

Este estudio sugiere que el sistema visual humano podría estar intrínsecamente adaptado para procesar y apreciar los patrones fractales, especialmente aquellos de baja a moderada complejidad que son comunes en la naturaleza. Esta adaptación se establecería a una edad muy temprana, posiblemente antes de los tres años, lo que explicaría por qué los niños, a pesar de crecer en entornos dominados por geometrías euclidianas, demuestran una preferencia por estos diseños naturales.

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