Frente a un escenario de creciente aridez y la imperante necesidad de preservar sus recursos hídricos, Marruecos ha emprendido una significativa transformación en su sector agrícola. El país ha lanzado una estrategia integral para optimizar la gestión del agua en la producción de alimentos, introduciendo sistemas de riego avanzados que prometen una mayor eficiencia y un menor impacto ambiental. Esta iniciativa representa un paso crucial para asegurar la resiliencia de su agricultura ante los desafíos climáticos actuales y futuros.
Durante años, Marruecos ha sido testigo de prolongadas sequías, un estrés creciente sobre sus reservas subterráneas y episodios recurrentes de calor extremo. Estos factores han puesto de manifiesto la vulnerabilidad del sector agrícola y la urgencia de adoptar medidas adaptativas. La nueva política se centra en la modernización de los sistemas de irrigación, con el objetivo de maximizar la producción por cada gota de agua utilizada, mitigando así los efectos adversos de la escasez hídrica.
El plan nacional marroquí contempla la implementación de técnicas de riego de alta eficiencia en una vasta extensión de terreno, abarcando aproximadamente 555,000 hectáreas. De estas, 220,000 hectáreas corresponden a grandes superficies ya irrigadas. La prioridad es reemplazar los métodos de riego tradicionales por tecnologías como el riego localizado, el goteo y la aspersión modernizada, que permiten una aplicación precisa y controlada del agua.
Esta transformación agrícola se enmarca en un contexto más amplio de adaptación al cambio climático, donde la agricultura marroquí, históricamente expuesta a la variabilidad meteorológica y al descenso de las reservas de agua, busca consolidar su sostenibilidad. Las sequías recientes han tenido un impacto directo en el empleo rural, la producción de cultivos y la economía de las comunidades agrícolas, lo que subraya la necesidad de estas reformas.
La visión de Marruecos va más allá de la mera búsqueda de nuevas fuentes de agua. Se enfoca en la optimización del uso de cada metro cúbico disponible. El riego moderno se concibe como una infraestructura climática descentralizada, que se extiende desde los embalses y desaladoras hasta cada parcela individual. Desde 2008, el Banco Mundial ha respaldado el Programa Nacional de Ahorro de Agua en Riego (PNEEI), cuyo propósito es mejorar la eficiencia hídrica, modernizar extensas áreas agrícolas y fortalecer la provisión de servicios de riego.
El avance tecnológico implica una transición de los sistemas de riego por gravedad a aquellos que dirigen el agua directamente a las raíces de las plantas. Estos sistemas ofrecen un control superior sobre la cantidad, el momento y la frecuencia de la aplicación, permitiendo además la integración de la fertirrigación, sensores inteligentes, programación automatizada y un bombeo más ajustado a las necesidades. Si bien esta modernización promete aumentar la productividad hídrica y reducir las pérdidas en campo, expertos advierten sobre el riesgo del "efecto rebote", donde el ahorro de agua podría incentivar la expansión de áreas cultivadas o la introducción de cultivos más demandantes, anulando los beneficios de la eficiencia.
Por lo tanto, la implementación de un riego eficiente debe ir de la mano con una gobernanza hídrica robusta, que incluya el control de las extracciones, una planificación agrícola estratégica, la medición precisa de los consumos y la protección activa de los acuíferos. La escasez de agua en la agricultura no se soluciona únicamente con tecnología, sino con una gestión integral del recurso. Hacia finales de 2023, Marruecos había equipado alrededor de 824,000 hectáreas con riego localizado, lo que representa aproximadamente la mitad de su superficie cultivable con riego.
El ambicioso objetivo es alcanzar el millón de hectáreas con riego eficiente para el año 2030, lo que demuestra que esta modernización no es un proyecto aislado, sino una política estructural orientada a adaptar la agricultura marroquí a un clima cada vez más impredecible. Esta estrategia se complementa con el desarrollo de plantas desaladoras, nuevas infraestructuras hídricas, trasvases, presas y restricciones en el cultivo de especies que consumen grandes volúmenes de agua. Sin embargo, el alto costo de la desalación limita su aplicación directa en cultivos básicos como el trigo.
La adopción del riego por goteo y la fertirrigación también posee un componente económico significativo. Al mejorar el control del agua y los nutrientes, los agricultores tienen la oportunidad de aumentar sus rendimientos, minimizar las pérdidas y cultivar especies de mayor valor. No obstante, el acceso a estas tecnologías no es equitativo para todos. Numerosos pequeños agricultores enfrentan dificultades para costear la inversión en filtros, tuberías, programadores y bombas, así como su mantenimiento. Para abordar esta disparidad, la Agencia de Desarrollo Agrícola ofrece ayudas para el riego localizado, con subvenciones que pueden cubrir hasta el 100% de los costos en proyectos de carácter colectivo.
El desafío principal radica en asegurar que la modernización del riego no beneficie exclusivamente a las explotaciones con mayor capacidad económica. En las regiones áridas, es crucial que las tecnologías de riego se combinen con asistencia técnica, financiamiento accesible y normativas claras para evitar el aumento de las desigualdades rurales. Esta modernización cobra especial relevancia en un país donde los acuíferos han estado bajo una presión constante durante años. Las precipitaciones pueden recargar los embalses temporalmente, pero las reservas subterráneas no siempre se recuperan con la misma rapidez. Una agricultura más eficiente en la superficie podría seguir dependiendo de las aguas subterráneas si no se regulan adecuadamente los pozos y las extracciones. Estudios han demostrado que el agotamiento de los acuíferos puede tener un impacto directo en el rendimiento de los cultivos durante los años secos. La estrategia marroquí busca equilibrar la necesidad de sostener la producción, proteger las reservas hídricas y prevenir una expansión agrícola que no sea compatible con la disponibilidad real de agua.
La experiencia de Marruecos es relevante a nivel global, ya que ilustra un dilema universal: cómo mantener la producción agrícola en un contexto donde las lluvias son más erráticas, los suelos pierden humedad y el agua subterránea se vuelve más difícil de reponer. Las políticas de conservación del agua en la agricultura están explorando enfoques sistémicos que integran la gestión del suelo, la selección de cultivos, la reutilización del agua, el riego eficiente y la regulación territorial. En este marco, las estrategias de conservación del agua se vuelven esenciales para adaptar el sector agrícola a escenarios climáticos cada vez más desafiantes. Marruecos no busca solo aumentar el suministro de agua, sino extraer un mayor valor agrícola de cada litro disponible. El éxito de esta transición dependerá de que el riego por goteo, la fertirrigación y los sensores estén acompañados de límites de uso claros, apoyo a los pequeños agricultores y una protección eficaz de los acuíferos.
