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Namibia Aprueba la Minería de Fosfatos Submarinos: Debate Ambiental y Económico

Sep 11, 2026

El gobierno de Namibia ha otorgado recientemente una controvertida autorización ambiental a Namibian Marine Phosphate para proceder con el proyecto Sandpiper, una iniciativa que busca la extracción de fosfatos del lecho marino atlántico. Este plan, que se considera el primero de su tipo a nivel global, ha reavivado intensos debates entre las autoridades, la industria minera, el sector pesquero y diversas organizaciones ambientalistas, quienes expresan serias reservas sobre sus posibles consecuencias ecológicas y socioeconómicas. La operación, que se proyecta extender por dos décadas, tiene como objetivo principal obtener aproximadamente tres millones de toneladas anuales de concentrado de fosfato, un componente esencial para la fabricación de fertilizantes agrícolas. Este desarrollo pone de manifiesto la creciente tensión entre la necesidad de recursos para la producción de alimentos y la preservación de los ecosistemas marinos, especialmente en una región tan rica biológicamente como la corriente de Benguela, cuyas dinámicas ecológicas podrían verse alteradas por esta intervención a gran escala.

Mientras la nación africana se posiciona como pionera en esta forma de minería oceánica, el escrutinio internacional se intensifica, buscando comprender las implicaciones a largo plazo de una actividad que otros países han evitado debido a las incertidumbres ambientales. La empresa promotora, Namibian Marine Phosphate, se esfuerza por asegurar que el impacto será mínimo, limitándose a una pequeña fracción de la plataforma continental. Sin embargo, los opositores argumentan que los riesgos asociados al dragado, como la liberación de sedimentos y la alteración de hábitats, podrían tener efectos dominó mucho más amplios. Este escenario subraya la importancia crítica de implementar sistemas de monitoreo rigurosos e independientes, así como la necesidad de una gestión transparente que permita evaluar continuamente los efectos reales del proyecto Sandpiper y garantizar un equilibrio entre el desarrollo económico y la sostenibilidad ambiental.

La Minería Submarina de Fosfatos en Namibia: Un Proyecto Ambicioso en el Foco de la Controversia

El gobierno de Namibia ha concedido una autorización ambiental crucial a Namibian Marine Phosphate (NMP) para el desarrollo del proyecto Sandpiper. Esta iniciativa busca la extracción comercial de fosfatos del lecho del océano Atlántico, aproximadamente a 120 kilómetros al suroeste de Walvis Bay. La aprobación, otorgada en agosto de 2026, marca un hito como el primer proyecto de su naturaleza a escala mundial, pero ha generado una fuerte oposición por parte de organizaciones ambientales y la industria pesquera. NMP, que es mayoritariamente propiedad de la empresa omaní Mawarid Mining y en un 15% de Havana Investments de Namibia, planea una explotación de 20 años, con una extracción estimada de tres millones de toneladas de concentrado de fosfato anualmente. Este material es vital para la producción de fertilizantes fosfatados, fundamentales para la agricultura moderna. El método de extracción, que implica el dragado mecánico de sedimentos, ha suscitado preocupaciones significativas sobre su impacto en el ecosistema de la corriente de Benguela, una de las zonas oceánicas más ricas y productivas del planeta.

La extracción de fosfatos se realizará a profundidades que oscilan entre los 180 y 300 metros, en una región conocida por su biodiversidad y su importancia para la pesca. A pesar de las afirmaciones de NMP de que la operación afectará solo un 0.002% de la plataforma continental durante su duración, los críticos temen que el dragado genere plumas de sedimentos que puedan dispersarse, alterando la calidad del agua y afectando los hábitats marinos. Además, existe la preocupación por la posible movilización de metales pesados y otras sustancias nocivas. Para Namibia, el proyecto representa una potencial fuente de ingresos, empleo e inversión en la industria de los fertilizantes, un recurso estratégico para la producción agrícola global. Sin embargo, el debate se centra en los costos ambientales a largo plazo frente a los beneficios económicos a corto plazo. La consideración de alternativas, como la recuperación de nutrientes de flujos residuales, evidencia la búsqueda de soluciones más sostenibles para el suministro de fósforo.

Impacto Ecológico y la Resistencia del Sector Pesquero Ante la Minería Submarina

La Federación Pesquera de Namibia ha expresado su firme rechazo al proyecto Sandpiper, advirtiendo sobre la posibilidad de acciones legales. El sector pesquero argumenta que la minería submarina podría causar daños irreversibles a las áreas de reproducción y alimentación de especies comerciales, alterando los procesos ecológicos esenciales de los que dependen la pesca y los medios de vida costeros. La corriente de Benguela, un sistema de afloramiento de aguas frías ricas en nutrientes, sustenta una vasta red trófica y es crucial para el mantenimiento de poblaciones de peces que requieren condiciones estables para su ciclo de vida. Los opositores señalan que el dragado podría generar grandes columnas de sedimentos suspendidos que, al desplazarse, podrían sofocar organismos bentónicos, dañar branquias de peces y reducir la penetración de luz, afectando la fotosíntesis y la productividad primaria.

La autorización ambiental de este proyecto, que ha estado en discusión desde 2011, ha sido precedida por años de controversia y disputas legales. Aunque otros países como Nueva Zelanda, Sudáfrica y México han frenado o rechazado proyectos similares debido a sus riesgos ambientales, Namibia ha decidido avanzar, convirtiendo a Sandpiper en un caso de estudio de interés internacional. La magnitud de los impactos reales dependerá de factores como la composición del lecho marino, la intensidad de las operaciones, las corrientes oceánicas y la efectividad de las medidas de mitigación. Para una evaluación precisa y objetiva, es fundamental establecer una línea base de datos sobre biodiversidad, sedimentos, calidad del agua y poblaciones pesqueras antes del inicio de las operaciones. Un monitoreo continuo e independiente, junto con la publicación transparente de los resultados, permitirá determinar si las previsiones ambientales se cumplen y si el ecosistema puede sostener la actividad minera sin sufrir daños permanentes. La necesidad de controlar la gestión de los materiales removidos y las aguas de procesamiento, siguiendo experiencias de tratamiento de aguas residuales en acuicultura, será clave para asegurar que la autorización económica no comprometa la responsabilidad ambiental de las autoridades namibias.

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