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Potenciando el Maíz Argentino: La Nutrición como Clave del Rendimiento

Sep 09, 2026
La agricultura argentina se encuentra en un punto crucial. Con la promesa de abundantes reservas de agua y el uso de genética de punta, la expectativa de una cosecha de maíz sobresaliente es alta. Sin embargo, expertos advierten que estos factores por sí solos no garantizan el éxito. La clave para liberar el verdadero potencial del maíz radica en una estrategia nutricional optimizada.

Cultivar el futuro: la nutrición, pilar del maíz argentino

El agua y la genética son importantes, pero la nutrición del suelo es fundamental

La nueva temporada de maíz en Argentina se presenta con perspectivas favorables gracias a la acumulación de agua en los suelos y el uso de variedades genéticas de alto rendimiento. No obstante, la organización Fertilizar Asociación Civil ha lanzado una advertencia crucial: este potencial podría no materializarse si los agricultores no realizan diagnósticos precisos del suelo y ajustan las estrategias de fertilización. Las recientes lluvias han recargado significativamente los perfiles hídricos, y el pronóstico de un fenómeno El Niño refuerza la disponibilidad de agua, lo que complementa la tendencia de crecimiento del cultivo de maíz en detrimento de la soja en la última década.

La amenaza persistente de la chicharrita y la necesidad de una nutrición integral

A pesar de las condiciones hídricas prometedoras, la campaña maicera no está exenta de desafíos. La plaga de la chicharrita del maíz, responsable de reducir la producción nacional en un 40% durante la crisis anterior, sigue siendo una preocupación. Si bien el monitoreo de los campos es vital, Fertilizar AC enfatiza que la nutrición debe ser un componente central en la planificación, actuando como un escudo protector que fortalece la planta frente a amenazas y asegura un desarrollo óptimo.

Cuando el suelo dicta los límites: el techo del rendimiento agrícola

María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de Fertilizar AC, destaca que una buena nutrición es indispensable para que el agua y la genética expresen su máximo potencial. Si el suelo carece de los nutrientes necesarios y la fertilización no compensa esta deficiencia, el cultivo no podrá alcanzar su óptimo rendimiento. La situación se agrava por un déficit nutricional acumulado, ya que en la última campaña solo se repuso menos del 40% de los nutrientes esenciales (nitrógeno, fósforo, azufre y zinc) extraídos con la cosecha. Esta extracción desmedida no solo impacta la producción actual, sino que también erosiona la fertilidad a largo plazo, con Argentina perdiendo aproximadamente un 30% del potencial de su maíz.

El alto rendimiento exige una demanda nutricional intensificada

Un cultivo de maíz que aspira a producir 120 quintales por hectárea demanda aproximadamente 260 kilogramos de nitrógeno y 48 kilogramos de fósforo, además de otros nutrientes vitales. Si bien el suelo contribuye, el resto debe ser provisto a través de una fertilización planificada y basada en diagnósticos. No se trata de aplicar indiscriminadamente, sino de calcular las cantidades necesarias, considerando los nutrientes ya presentes, la mineralización y la eficiencia de absorción. Este equilibrio, como se observa en prácticas internacionales, es crucial para corregir deficiencias y evitar excesos que pueden elevar costos, dañar el medio ambiente y afectar la vida microbiana del suelo.

Maximizando cada gota: la nutrición optimiza el uso del agua

La presencia de agua por sí sola no garantiza una cosecha abundante. Esteban Ciarlo, coordinador técnico de Fertilizar AC, resalta la interconexión entre el agua y los nutrientes. Una planta bien nutrida utiliza la humedad de forma más eficiente para generar biomasa y grano. Ensayos a largo plazo han demostrado que una nutrición adecuada puede aumentar la eficiencia del uso del agua entre un 22% y un 44%, elevando la producción de maíz de 12 a cerca de 17 kilogramos por milímetro de agua. Esto significa hasta 2.500 kilogramos adicionales de maíz por hectárea, subrayando que un perfil hídrico recargado aumenta, en lugar de disminuir, la importancia de una nutrición precisa.

La herramienta esencial: el análisis de suelo y su baja adopción

El análisis de suelo es la piedra angular para comprender la capacidad del terreno y determinar las necesidades de fertilización. Sin embargo, una encuesta de Fertilizar AC revela que solo el 26% de la superficie se muestrea anualmente, con un 17% que lo hace con poca frecuencia y un 9% que nunca lo realiza. Las disparidades regionales son notables: mientras en el sudeste y oeste el 44% de los productores efectúa muestreos anuales, en el norte esta cifra desciende al 15%. La entidad recomienda analizar fósforo extractable, zinc y azufre en los primeros 20 centímetros, y nitratos hasta los 60 centímetros antes de la siembra, para una gestión nutricional efectiva.

Vigilancia constante: la chicharrita y la gestión sanitaria

La recuperación productiva del maíz también depende del control de la chicharrita y las enfermedades que transmite. Incluso con condiciones hídricas y nutricionales óptimas, una alta presión sanitaria puede mermar el rendimiento si no hay un monitoreo adecuado. Es fundamental observar la presencia del insecto, los antecedentes regionales, las fechas de siembra y el estado de los cultivos voluntarios que pueden servir como reservorios. Fertilizar AC enfatiza que un escenario favorable no debe llevar a descuidar el manejo. Al contrario, la abundancia de agua y la genética de alto potencial hacen aún más crítico evitar pérdidas por deficiencias que pueden ser anticipadas y corregidas antes de la siembra, a través de diagnósticos, estimaciones de rendimiento y reposición equilibrada de nutrientes.

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