Torrente

Prácticas Agrícolas Integradas Reducen Drásticamente la Erosión del Suelo en la Región Pampeana

Aug 01, 2026

La agricultura en la región Pampeana argentina ha logrado un avance significativo en la lucha contra la degradación del suelo. Un equipo de expertos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) ha validado que la combinación estratégica de diversas prácticas agrícolas, como la construcción de terrazas, la rotación inteligente de cultivos, la siembra directa y la aplicación de enmiendas orgánicas, puede reducir la pérdida de suelo hasta en un 54%. Estos hallazgos, derivados de extensas investigaciones, resaltan el impacto positivo de estas metodologías en la conservación de la fertilidad del terreno, el incremento del carbono orgánico y la mejora de la infiltración del agua.

Los estudios, concentrados principalmente en la provincia de Entre Ríos, donde una gran parte del territorio se encuentra afectada por la erosión, se enfocaron en identificar las prácticas más efectivas para salvaguardar la capa superficial del suelo y establecer marcadores tempranos de deterioro. La provincia de Entre Ríos, con más del 57% de su superficie impactada por la erosión, es un área clave para este tipo de investigaciones, ya que el mantenimiento de la salud del suelo es fundamental para la productividad agrícola.

Las observaciones detalladas en sistemas de agricultura intensiva y continua han revelado una preocupante disminución del carbono orgánico, que oscila entre el 20% y el 50%. Además, se ha registrado una significativa pérdida de nitrógeno debido a la lixiviación, alcanzando hasta 120 kilogramos por hectárea anualmente, junto con un aumento del 20% en la densidad del suelo. Estos cambios estructurales comprometen la porosidad del terreno y su capacidad para absorber y retener agua, lo que agrava la escorrentía y la erosión de las partículas fértiles durante las lluvias. El INTA Entre Ríos monitorea continuamente indicadores como el carbono orgánico, la estabilidad de los agregados, la infiltración y la tasa de pérdida de suelo para evaluar la salud de los sistemas productivos y guiar la implementación de ajustes necesarios antes de que la degradación sea irreversible.

Un análisis exhaustivo de 17 ciclos agrícolas demostró que la rotación de maíz con trigo y soja logró reducir el coeficiente de escorrentía en un 40%. La presencia constante de cultivos a lo largo del año atenúa el impacto directo de la lluvia y disminuye la velocidad del flujo de agua en la superficie. En contraste, el monocultivo de soja resultó en pérdidas de hasta 2.2 toneladas de suelo por hectárea anualmente. La introducción de trigo como cultivo de invierno disminuyó esta cifra a la mitad, mientras que las rotaciones más diversas, que incluyen especies como colza, carinata y camelina, lograron reducir las pérdidas a un mínimo de 0.3 toneladas por hectárea, proporcionando una cobertura continua y protegiendo el suelo durante más tiempo.

La implementación de terrazas de evacuación ha demostrado ser una de las medidas más eficaces en las evaluaciones del INTA. Esta infraestructura, presente en aproximadamente 600,000 hectáreas en Entre Ríos, regula el escurrimiento del agua y disminuye su velocidad en terrenos con pendiente. Se estima que los suelos con terrazas han logrado una reducción del 54% en la pérdida de suelo y un aumento del 8.5% en las reservas de carbono, en comparación con áreas sin estas estructuras. Las superficies sistematizadas con terrazas mostraron un 13% más de carbono orgánico, lo que subraya su importancia en la conservación de la materia orgánica y los nutrientes esenciales para los cultivos, además de optimizar la retención de agua en el sistema productivo.

La siembra directa, al evitar la labranza intensiva y mantener residuos vegetales en la superficie, juega un papel crucial en el control de la erosión. Esta cobertura vegetal protege el suelo del impacto de las gotas de lluvia, reduce el arrastre de partículas y conserva la humedad. Sin embargo, su efectividad se optimiza cuando se integra con otras prácticas, como rotaciones de cultivos diversificadas, cobertura constante del suelo y un manejo adecuado de malezas y el tránsito de maquinaria. Los estudios del INTA enfatizan que la siembra directa no es una solución aislada, sino una parte fundamental de un enfoque holístico que combina múltiples estrategias para lograr una recuperación sostenible de la calidad del suelo.

La aplicación de enmiendas orgánicas, como la cama de pollo, ha demostrado ser una estrategia eficaz para la recuperación de suelos degradados. Tras dos años de aplicación, los terrenos tratados mostraron un aumento cercano al 20% en el contenido de carbono orgánico. Estas mejoras también se extendieron a la porosidad del suelo, la disponibilidad de fósforo y la capacidad de infiltración, factores que benefician el desarrollo radicular de los cultivos y optimizan el aprovechamiento del agua. Es crucial que la aplicación de estas enmiendas se realice con base en análisis de suelo y criterios agronómicos para asegurar resultados óptimos y sostenibles.

El mantenimiento de una cubierta vegetal o residuos en la superficie es esencial para mejorar la infiltración del agua y reducir la evaporación. Esta cobertura no solo protege la estructura del suelo, sino que también retrasa la escorrentía y previene el transporte de sedimentos y nutrientes. Esta estrategia es especialmente valiosa durante los períodos entre cultivos comerciales, donde los barbechos pueden perder grandes cantidades de agua por evaporación y percolación. La implementación de cultivos de cobertura o servicios ayuda a transformar este recurso hídrico en biomasa y raíces, contribuyendo a la salud general del ecosistema agrícola.

En definitiva, los resultados del INTA proporcionan una base sólida para productores y asesores en la región Pampeana, demostrando que una gestión agrícola integrada y consciente de las condiciones locales, incluyendo la pendiente del terreno, el tipo de suelo, la rotación de cultivos y el régimen de lluvias, es fundamental para mitigar la erosión y fomentar la sostenibilidad agrícola.

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