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Reducción de Tierras Cultivadas en Pradera, Colombia: Un Análisis de la Universidad Nacional

Oct 18, 2026

Un reciente estudio de la Universidad Nacional de Colombia ha puesto de manifiesto una preocupante disminución en la actividad agrícola en la Zona de Reserva Campesina de Pradera, ubicada en el Valle del Cauca. La investigación revela que alrededor de 250 hectáreas, que antes eran destinadas al cultivo, han dejado de ser sembradas en los últimos años. Este fenómeno se atribuye a un conflicto significativo en el uso del suelo, con un 43.3% del territorio afectado, donde actividades como la ganadería, el turismo y la construcción de viviendas campestres están desplazando a la agricultura. A pesar de estas presiones, el estudio también destaca la resiliencia de las comunidades locales, que aún conservan una notable diversidad de semillas nativas, animales criollos y métodos de cultivo tradicionales. Sin embargo, la continuidad de estas prácticas se ve amenazada por desafíos económicos, la fragmentación de la propiedad y la emigración de jóvenes del área rural, lo que plantea serias interrogantes sobre el futuro de la agricultura campesina en la región.

La investigación, liderada por Fabio Alexander Agudelo Serna, doctor en Agroecología, se enfocó en una extensión de aproximadamente 8,545 hectáreas distribuidas en nueve corregimientos de Pradera. Los hallazgos, publicados el 5 de octubre de 2026, detallan cómo el cambio en el uso del suelo está transformando el paisaje agrícola. La reducción de áreas cultivadas no siempre implica una pérdida irreversible de la capacidad productiva, pero sí señala un desplazamiento hacia otras actividades económicas. La expansión de la ganadería, el desarrollo de proyectos turísticos y la construcción de residencias campestres en terrenos fértiles alteran significativamente la disponibilidad de tierra para cultivos, afectando directamente a las familias que dependen de pequeñas explotaciones agrícolas.

Uno de los aspectos más críticos revelados por el estudio es la alta concentración de la propiedad rural en Pradera, con un coeficiente de Gini que oscila entre 0.858 y 0.916, lo que indica una distribución extremadamente desigual de la tierra. Esta situación, junto con la fragmentación de predios, limita las oportunidades para que las familias campesinas desarrollen actividades agrícolas rentables. Las presiones identificadas incluyen la expansión de la agroindustria y los monocultivos, los cambios en el uso del suelo y las consecuencias del conflicto armado, todos factores que complican la persistencia de la agricultura tradicional y la transmisión de conocimientos agrícolas a las nuevas generaciones.

A pesar de estos desafíos, la investigación resalta la riqueza biocultural que aún pervive. En algunas de las 16 fincas examinadas, se identificaron más de 37 especies útiles para la alimentación, la medicina y la conservación del suelo, incluyendo maíz, fríjol, café, plátano, yuca y diversas hortalizas y frutas. Además, se documentó la presencia de animales criollos como el cerdo San Pedreño y gallinas criollas, fundamentales para la subsistencia y la economía familiar. Estos sistemas diversificados demuestran la capacidad de las comunidades para mantener prácticas agrícolas sostenibles, incluso bajo presión. Sin embargo, la migracón juvenil y el debilitamiento de prácticas colectivas como el trueque y las mingas amenazan la continuidad de esta herencia cultural y productiva.

En síntesis, el estudio de la Universidad Nacional de Colombia ofrece una radiografía detallada de las transformaciones que experimenta el sector rural en Pradera. La pérdida de 250 hectáreas cultivadas, el conflicto en el uso del suelo y la concentración de la propiedad son indicadores de los obstáculos que enfrenta la agricultura familiar. No obstante, la persistencia de una vasta diversidad agrícola, con cultivos, árboles y animales criollos, subraya la resiliencia de las comunidades. La investigación enfatiza que el futuro de la producción de alimentos en estas áreas depende no solo de la fertilidad del suelo, sino también de factores socioeconómicos como el acceso a la tierra, las oportunidades económicas y la capacidad de las nuevas generaciones para permanecer y prosperar en el campo. Este análisis es crucial para la formulación de políticas agrícolas que integren las necesidades de las comunidades campesinas con la conservación de los recursos naturales y la diversidad productiva.

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