En un significativo avance para la viticultura argentina, un ambicioso proyecto familiar ha logrado revitalizar una antigua propiedad vitícola en la Patagonia, dedicándola ahora a la creación de caldos excepcionales. Esta empresa, conocida como Pujante, se asienta en el corazón del Alto Valle de Río Negro, extendiéndose sobre 10 hectáreas y albergando aproximadamente 50.000 cepas.
La gesta comenzó entre 2018 y 2019, cuando Ignacio Pujante y Anabella Razetto, ambos con formación legal, decidieron incursionar en el mundo del vino. Para ello, reunieron a un equipo de expertos que incluía a los ingenieros agrónomos Marcelo Canatella y Fernando Enfarrell, y al enólogo Mario Lascano. El sitio seleccionado, aunque había estado desatendido por décadas y anteriormente cultivaba manzanos y perales, reveló su vocación vitivinícola al mostrar brotes espontáneos de vides antiguas. Esta observación fue crucial para la decisión de restaurar el terreno, reinstalar sistemas de riego y preparar el suelo para el cultivo de variedades selectas como Malbec, Pinot Noir y Cabernet Franc.
La fase inicial de plantación arrancó en 2022, y la totalidad de las 10 hectáreas se fueron poblando gradualmente. La primera cosecha tuvo lugar en 2025, y las primeras botellas, distribuidas en dos líneas comerciales bajo los nombres de Arrayán y Gran Arrayán, estarán disponibles en el mercado en el transcurso de julio. A pesar de que la finca tiene la capacidad de producir hasta 80.000 botellas anualmente, la visión de Pujante se enfoca en una producción más acotada, entre 15.000 y 20.000 botellas por año, con el fin de asegurar la calidad y el carácter distintivo de los vinos del Alto Valle de Río Negro.
Este emprendimiento no solo simboliza la recuperación de tierras agrícolas y la creación de valor añadido a través de la viticultura, sino que también encarna una visión de futuro para el sector. El éxito de Pujante destaca la importancia de la perseverancia y la innovación en la agricultura. Al transformar un terreno olvidado en un centro de producción vinícola de renombre, el proyecto demuestra cómo el ingenio humano puede revitalizar recursos y generar prosperidad. Este modelo de negocio, que prioriza la calidad y la sostenibilidad, sirve de inspiración para futuras iniciativas que busquen armonizar la producción con la preservación del entorno y la identidad cultural.
