La lenteja ha resurgido en el panorama agrario europeo, impulsada por un aumento notable en la demanda de proteínas vegetales, que supera la capacidad de producción local. En Suiza, este interés se alinea con la búsqueda de cultivos que se adapten a prácticas agrícolas ecológicas, que reduzcan la dependencia de fertilizantes y muestren una mayor resistencia a las condiciones de sequía. El centro de investigación Agroscope está investigando métodos de siembra combinada para las variedades de lenteja de primavera e invierno. El propósito principal es abordar desafíos comunes, como la proliferación de malezas en la agricultura ecológica y el fenómeno del acame, donde la planta tiende a inclinarse antes o durante la recolección.
La lenteja es un alimento milenario, cuyas semillas se consumen directamente y su paja sirve de forraje. Aunque India y Canadá lideran la producción mundial, naciones europeas como España, Grecia y Francia también cultivan esta leguminosa en extensiones significativas. En Europa, el rendimiento promedio es de 0.96 toneladas por hectárea, cifra que fluctúa según la región y los métodos de cultivo. En Suiza, el consumo de lentejas ha crecido sustancialmente, con un incremento del 167% en las importaciones entre 2004 y 2023, alcanzando las 3.390 toneladas. A pesar de que la superficie cultivada es aún limitada, existe un gran potencial de expansión, favorecido por la creciente demanda de proteínas vegetales y condiciones climáticas más propicias para su cultivo. La lenteja es atractiva para la agricultura ecológica por su baja necesidad de fertilizantes y su capacidad de fijar nitrógeno, lo que la hace ideal para suelos menos fértiles y rotaciones de cultivos que buscan minimizar insumos externos. Su relativa tolerancia a la sequía y altas temperaturas también la convierte en una opción valiosa en escenarios de cambio climático. No obstante, el desafío reside en su establecimiento, ya que su bajo vigor inicial la hace vulnerable a la competencia de malezas, un problema agudo en la agricultura orgánica debido a las restricciones en el uso de productos químicos. Por ello, la diversificación de rotaciones y las asociaciones de cultivos son esenciales para mejorar la estabilidad y salud del sistema de cultivo.
Agroscope llevó a cabo ensayos de campo entre 2015 y 2019 cerca de Zúrich, en parcelas orgánicas, para evaluar el impacto de la siembra mixta. En primavera, la lenteja se combinó con avena, y en otoño, con camelina, con la hipótesis de que estas especies auxiliares ayudarían a controlar malezas y a proporcionar soporte físico a la lenteja, reduciendo el acame. Los resultados con avena en primavera fueron prometedores; a pesar de reducir la densidad de siembra de lenteja, la mezcla no afectó negativamente el rendimiento. Sin embargo, la camelina en otoño resultó ser demasiado competitiva, disminuyendo el rendimiento de la lenteja. Esto subraya la importancia de ajustar las densidades de siembra y las fechas para evitar que la planta acompañante se convierta en una competidora. Un hallazgo relevante fue el buen comportamiento de la lenteja de invierno, con rendimientos significativos en la mayoría de las temporadas, lo que sugiere un potencial productivo considerable para esta variedad. La densidad óptima se estimó entre 180 y 240 plantas por metro cuadrado, indicando que una mayor inversión en semillas puede justificarse por el aumento de la producción. Estos estudios sugieren que la siembra de invierno podría ser una estrategia eficaz para incrementar el rendimiento y reducir los riesgos en los sistemas agrícolas suizos, adaptando genotipos y prácticas a las condiciones específicas del terreno. La expansión de la lenteja orgánica en Suiza depende de superar obstáculos como el control de malezas y la estabilidad del rendimiento, para lo cual Agroscope propone la combinación con especies compañeras, el manejo de la competencia y la adaptación de los calendarios de siembra.
La promoción de la lenteja ecológica en Suiza no solo representa una respuesta a la necesidad de proteínas vegetales, sino también un paso hacia sistemas agrícolas más sostenibles y resilientes. Al integrar leguminosas que mejoran la fertilidad del suelo y reducen la dependencia de insumos externos, la agricultura suiza puede avanzar hacia un futuro más equilibrado y respetuoso con el medio ambiente, ofreciendo alimentos saludables y cultivados de forma responsable.
