Venezuela ha dado un paso significativo en la mejora de su sector agrícola al fortalecer la producción y conservación de semillas nacionales, un esfuerzo realizado en colaboración con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Un encuentro trascendental celebrado en Maracay congregó a expertos, agricultores y representantes gubernamentales para abordar la relevancia de la calidad y la disponibilidad de los materiales de siembra, pilares fundamentales para la seguridad alimentaria del país. Esta iniciativa subraya el compromiso de optimizar los recursos agrícolas y asegurar una base sólida para futuras cosechas.
El evento, denominado "Todo comienza con una semilla: producción, acondicionamiento y garantía de calidad en los sistemas de semillas", se llevó a cabo el 9 de octubre de 2026. Participaron destacadas instituciones como el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA), funcionarios del Ministerio del Poder Popular para la Agricultura Productiva y Tierras, y diversos actores del ámbito productivo. La jornada sirvió como plataforma para analizar las necesidades actuales en investigación, preservación y acceso a semillas adaptadas a la heterogeneidad climática y de suelos del territorio venezolano.
La importancia de la calidad de las semillas fue uno de los temas centrales. No solo se trata de la capacidad de germinación, sino también de la pureza física, la identidad varietal, la salud fitosanitaria y el vigor del material. Estos atributos son determinantes para el éxito de los cultivos, especialmente para pequeños y medianos productores, ya que una germinación irregular puede generar desuniformidad en el crecimiento, incrementar los gastos de establecimiento y disminuir la eficiencia del uso del terreno. El ministro de Agricultura, Vladímir Padrino López, enfatizó la urgencia de potenciar la investigación y las capacidades técnicas de los laboratorios dedicados a salvaguardar y mejorar los recursos genéticos agrícolas del país.
La colaboración entre el INIA y la FAO se materializó en un acuerdo el 15 de abril de 2026, con el objetivo de establecer núcleos de producción y centros de resguardo de materiales autóctonos en estados clave como Aragua, Carabobo y Portuguesa. Este programa estratégico busca rescatar, proteger y multiplicar semillas de cultivos esenciales como el maíz, las caraotas, el frijol bayo y la yuca. Además, se contempla la creación de bancos de semillas locales, la implementación de escuelas itinerantes de campo y la adopción de protocolos para el acondicionamiento y la conservación de los materiales agrícolas, incluyendo el uso de equipos de congelación para el almacenamiento a largo plazo, garantizando así la disponibilidad de recursos para futuros ciclos agrícolas.
La formación de los agricultores es un pilar esencial de este programa. Las escuelas itinerantes de campo facilitarán la transferencia de conocimientos sobre producción, selección, conservación y manejo de semillas, integrando a las comunidades rurales en la salvaguarda de la diversidad agrícola. En las explotaciones, la correcta selección de plantas, la recolección oportuna, el secado y el almacenamiento son prácticas que inciden directamente en la viabilidad de las semillas. Esta integración de la investigación institucional con el conocimiento práctico de los agricultores busca asegurar que el material genético no solo se preserve, sino que también se utilice de manera efectiva para optimizar la productividad.
En definitiva, este esfuerzo conjunto entre Venezuela y la FAO representa una estrategia integral para fortalecer la autosuficiencia agrícola y la seguridad alimentaria. A través de la investigación, la conservación y la capacitación, se busca asegurar que los agricultores tengan acceso a semillas de alta calidad y adaptadas a sus entornos, promoviendo así la resiliencia y la sostenibilidad del sector agrícola venezolano en el largo plazo.
