África se prepara activamente para mitigar los posibles efectos adversos de El Niño en la próxima campaña agrícola 2026-2027, con un enfoque prioritario en la resiliencia de sus sistemas de semillas. Gobiernos, centros de investigación y organizaciones agrícolas están uniendo esfuerzos para garantizar que las variedades de cultivos resistentes a la sequía lleguen a los pequeños productores. Este debate cobra especial relevancia ante las recientes advertencias de la Organización Meteorológica Mundial sobre la rápida intensificación de El Niño, que se espera alcance su máxima intensidad a finales de 2026 y persista hasta principios de 2027, con una probabilidad cercana al 100%.
A pesar de los avances científicos en el desarrollo de variedades mejoradas y la creación de empresas locales de semillas, persisten desafíos significativos en la distribución. La escasez de semillas de primera generación, la proliferación de productos falsificados, las deficiencias en las redes de distribución y el acceso limitado de los agricultores a información técnica son barreras que impiden la adopción generalizada de estas innovaciones. Superar estas limitaciones es crucial para fortalecer la seguridad alimentaria en el continente, especialmente considerando la experiencia de la sequía de 2023-2024, que dejó a millones de africanos en situación de inseguridad alimentaria aguda.
Reforzando la capacidad agrícola: Semillas resistentes y distribución efectiva
El Foro Africano sobre Sistemas Alimentarios, celebrado en Kigali, Ruanda, ha puesto de manifiesto la urgencia de fortalecer los sistemas de semillas en África. La propagación de variedades resistentes a la sequía, como el mijo, el sorgo y ciertas variedades de maíz, es fundamental para proteger las cosechas en un continente donde la variabilidad climática representa una amenaza constante. Sin embargo, la adopción de estos cultivos ha disminuido, en parte debido a la preferencia por el maíz como alimento básico, lo que ha reducido la superficie dedicada a cereales tradicionalmente adaptados a condiciones áridas. Es imperativo equilibrar la expansión del maíz con la conservación de cultivos resilientes y mejorar la accesibilidad de los agricultores a estas semillas adaptadas. La diversificación de cultivos y la implementación de prácticas agrícolas sostenibles, como la rotación de cultivos, son estrategias clave para mitigar riesgos y mejorar la productividad del suelo.
A pesar de los importantes avances en la investigación y desarrollo de variedades agrícolas mejoradas, la principal barrera sigue siendo la distribución eficaz de estas semillas a los pequeños productores. La desconexión entre los laboratorios y las comunidades agrícolas se traduce en que muchas innovaciones no llegan a quienes más las necesitan. La presencia de semillas falsificadas y la fragilidad de las cadenas de suministro dificultan aún más la adopción de nuevas variedades. Para superar estos obstáculos, es esencial establecer una red colaborativa que una a investigadores, empresas de semillas, entidades financieras, distribuidores y servicios de extensión. Solo así las variedades capaces de soportar períodos de sequía extrema podrán ser cultivadas en las zonas vulnerables. Además, es fundamental integrar el manejo del terreno y la salud del suelo, reconociendo el papel de los microorganismos en la resiliencia de los cultivos.
Lecciones aprendidas y el camino hacia la autosuficiencia
La grave sequía que afectó a África austral durante la campaña 2023-2024, vinculada al fenómeno El Niño, sirvió como una dura advertencia sobre la vulnerabilidad del continente a los eventos climáticos extremos. Millones de personas experimentaron escasez de agua, pérdidas de cosechas y un deterioro crítico de la seguridad alimentaria, lo que subraya la necesidad de una preparación anticipada. La distribución de semillas de maíz resistentes a la sequía antes de este episodio demostró la eficacia de intervenciones preventivas. La experiencia vivida resalta cómo una sequía no solo afecta los cultivos y pasturas, sino también la disponibilidad de semillas para futuras siembras, creando un ciclo de vulnerabilidad. La interacción entre el estrés hídrico y la sanidad vegetal también puede generar efectos imprevistos, complicando aún más la situación.
Para cerrar la brecha entre el conocimiento científico y su aplicación práctica en la agricultura africana, se requiere una inversión sostenida en financiamiento, políticas públicas, mercados eficientes y servicios de extensión robustos. La meta es transformar la respuesta de emergencia recurrente en una preparación proactiva y a largo plazo. Iniciativas como el Fondo Africano de Producción Alimentaria de Emergencia han demostrado el valor de facilitar el acceso a semillas de calidad y materiales resistentes al clima. Sin embargo, el desafío de llegar a millones de agricultores dispersos en vastos territorios, con infraestructuras desiguales y mercados rurales poco conectados, sigue siendo considerable. La extensión agrícola es vital, ya que permite a los agricultores interpretar pronósticos meteorológicos, seleccionar variedades adecuadas, gestionar el agua y el suelo, y acceder a créditos y mercados, adaptándose a las particularidades de cada región y sus riesgos agroclimáticos.
