En una iniciativa trascendental, un consorcio internacional liderado por la Academia China de Ciencias Agrícolas ha creado una nueva variante de trigo sarraceno tártaro que combina exitosamente la capacidad de prosperar en las difíciles condiciones del Himalaya con una producción de semillas de mayor tamaño. Este logro fue posible gracias a la implementación de un pangenoma, una herramienta que permitió recuperar valiosas variaciones genéticas de poblaciones silvestres y estirpes tradicionales.
La investigación, cuyos hallazgos fueron publicados en la prestigiosa revista Cell, contó con la participación de 22 instituciones de 10 naciones, incluyendo el Centro para la Innovación en Cultivos y Alimentos de la Universidad de Murdoch en Australia. Los científicos compilaron un pangenoma a partir de 16 genomas, lo que les permitió identificar 123.131 variantes estructurales en la especie Fagopyrum tataricum. Este estudio pionero valida la idea de que es factible aislar genes relacionados con la resiliencia al estrés ambiental y conjugarlos de forma deliberada con variantes que potencian el rendimiento. La línea de trigo sarraceno desarrollada exhibió semillas más grandes, un crecimiento mejorado y un rendimiento notablemente superior al de la variedad de referencia en pruebas realizadas en altitudes elevadas.
Este avance es particularmente significativo para el trigo sarraceno tártaro, un cultivo fundamental y nutritivo nativo del Himalaya. A pesar de su nombre, esta especie no pertenece a la familia de los cereales y sus granos son cruciales para las comunidades que cultivan en regiones montañosas. Las poblaciones silvestres de este trigo sarraceno han desarrollado una resistencia excepcional al frío y a la intensa radiación ultravioleta B, condiciones que restringen el desarrollo de muchos otros cultivos. Esta resiliencia lo convirtió en un modelo ideal para investigar cómo incorporar genes de adaptación sin comprometer las características productivas. La aplicación de un pangenoma ha revelado la existencia de un gen, denominado FtRNH, presente en las plantas silvestres de altitud pero ausente en las variedades cultivadas, que contribuye a la reparación del daño celular causado por la radiación UV-B. Por otro lado, la investigación también identificó que copias adicionales de otra región genética, FtPLATZ, junto con una pequeña inserción en su promotor, están ligadas a un mayor tamaño de las semillas. Al cruzar las variedades que poseen el gen de adaptación FtRNH con aquellas que presentan las variantes de FtPLATZ, los científicos lograron producir una línea experimental que superó a las variedades estándar en crecimiento y rendimiento en pruebas a gran altitud.
El éxito de esta metodología sugiere un camino prometedor para la mejora de otros cultivos, especialmente aquellos con parientes silvestres y variedades locales que aún conservan una rica diversidad genética. La estrategia implica la construcción de pangenomas, la identificación de variantes estructurales clave, la verificación de su función y su posterior integración mediante cruces y validación en campo. Este enfoque podría ser decisivo para reforzar la seguridad alimentaria en regiones vulnerables, permitiendo a los fitomejoradores recuperar cualidades perdidas durante la domesticación sin sacrificar el rendimiento, marcando así un hito en la biotecnología agrícola.
