En Argentina, una empresa biotecnológica emergente, Caligenia, está liderando un esfuerzo para transformar un subproducto desafiante de la industria avícola en un valioso recurso agrícola. Este proyecto se centra en la creación de un biofertilizante a partir del estiércol de gallina, un material que, si no se gestiona adecuadamente, puede generar problemas medioambientales como olores desagradables, patógenos y contaminantes.
Este emprendimiento, impulsado por el ingeniero industrial Nicolás Barbarosch, abarca la reutilización de residuos, la retención de dióxido de carbono, la generación de energía limpia y la mejora de la calidad del suelo. Su propuesta principal es el desarrollo de Bacterchar, un biocarbón agrícola enriquecido con microorganismos que estimulan el crecimiento de las plantas, marcando un hito en la gestión de desechos y la sostenibilidad agrícola.
El innovador proceso de Caligenia convierte el guano en biocarbón mediante un tratamiento que erradica olores, patógenos y contaminantes, dotando al producto de propiedades idóneas para el suelo. Posteriormente, este biocarbón es inoculado con bacterias que promueven el crecimiento vegetal, creando un soporte eficaz para la distribución de estos microorganismos beneficiosos en el campo. Esta estrategia se alinea con las investigaciones agrícolas actuales que destacan el papel crucial de la microbiota del suelo en la fertilidad, la absorción de nutrientes y la salud general de los cultivos. Además de mejorar las propiedades físicas y químicas del suelo, el Bacterchar fomenta la actividad microbiana y facilita un entorno óptimo para el desarrollo de las plantas, optimizando la retención de agua y la disponibilidad de nutrientes.
Este enfoque tiene un doble impacto climático: transforma un residuo avícola que de otra forma sería perjudicial y contribuye al secuestro de carbono en el suelo, lo que se alinea con los principios de la agricultura regenerativa. El proyecto también incluye una plataforma de diagnóstico de suelos para adaptar la aplicación del Bacterchar y sus microorganismos a las necesidades específicas de cada terreno, buscando maximizar la productividad y la resiliencia de los cultivos.
