Torrente

Optimización del Cultivo: Fertilización Foliar en Papa y Cacahuete

Sep 02, 2026

En una iniciativa destacada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en Famaillá, Tucumán, se ha logrado un avance significativo en la productividad de cultivos esenciales como la papa y el cacahuete (maní). Los estudios revelaron que la aplicación de nutrientes directamente en las hojas, como parte de un plan nutricional estructurado, conduce a una mejora sustancial en los rendimientos. Esta práctica se presenta como un valioso añadido a los métodos de fertilización convencionales, siendo particularmente efectiva durante periodos de alta necesidad nutricional o cuando la absorción a través de las raíces se ve comprometida.

La técnica de fertilización foliar se basa en el aporte directo de elementos esenciales a la planta a través de su follaje. Su principal ventaja reside en la velocidad con la que las plantas pueden asimilar estos nutrientes, lo que permite corregir deficiencias de manera casi inmediata. No obstante, es crucial entender que esta metodología no sustituye la nutrición base proporcionada al suelo, especialmente cuando los requerimientos de nutrientes de la planta son elevados. Para asegurar su eficacia y seguridad, es fundamental realizar un diagnóstico acertado de las necesidades del cultivo, controlar la concentración de las soluciones aplicadas y considerar las condiciones ambientales. Un manejo inadecuado, como el uso de concentraciones excesivas o la aplicación en momentos de calor extremo, puede causar daños al follaje y, en consecuencia, a la producción.

Durante la campaña agrícola de 2024, el equipo del INTA Famaillá llevó a cabo una serie de experimentos con papas de siembra temprana en la localidad de Monte Bello. Se probaron diversas formulaciones de nutrientes, aplicando los tratamientos en distintas etapas del desarrollo del cultivo, desde los 20 hasta los 80 días posteriores a la emergencia. Las fases iniciales de aplicación se enfocaron en elementos como cobalto y molibdeno, cruciales para el establecimiento de las plantas. Posteriormente, se introdujeron zinc, nitrógeno, boro, potasio y calcio, adaptándose a las demandas específicas de cada etapa de crecimiento. Los resultados fueron contundentes: estas intervenciones foliares contribuyeron a un aumento notable tanto en el número como en el peso de los tubérculos. El grupo que recibió una combinación integral de estos tratamientos obtuvo los rendimientos más elevados, subrayando la importancia de una estrategia de aplicación secuencial y bien planificada. Estos hallazgos concuerdan con otras investigaciones que resaltan que la elección del producto y el momento de aplicación deben estar guiados por el estado fisiológico de la planta, un análisis nutricional preciso y los objetivos de producción.

En el departamento de Graneros, durante la campaña 2024/25, se realizaron pruebas similares en cultivos de cacahuete para evaluar su respuesta a diferentes nutrientes. Se observó que las aplicaciones de potasio y zinc, tanto de forma individual como combinada, generaron incrementos significativos en comparación con los lotes no fertilizados. Las combinaciones de estos elementos mostraron efectos sinérgicos, superando los resultados obtenidos por cada nutriente por separado. Estos resultados sugieren una interacción beneficiosa entre ciertos nutrientes, aunque la efectividad puede variar considerablemente. Factores como el tipo de suelo, la disponibilidad de agua, el estado inicial del cultivo, la formulación empleada y las condiciones climáticas durante la pulverización pueden influir en la respuesta. Esto resalta la necesidad de un enfoque personalizado, fundamentado en análisis de suelo y tejido vegetal, para optimizar el uso de potasio y otros nutrientes en la agricultura.

Roberto Sopena, especialista del INTA Famaillá, enfatiza que la fertilización foliar debe ser vista como una técnica complementaria a la fertilización edáfica (del suelo) y no como un sustituto. Su valor es máximo cuando las raíces tienen dificultades para absorber nutrientes o cuando la planta se encuentra en una etapa de alta demanda. La eficiencia de esta técnica está sujeta a factores como la madurez de las hojas, la temperatura ambiente, la humedad, la intensidad luminosa y la uniformidad de la aplicación. Es vital también considerar la movilidad de cada elemento dentro de la planta; por ejemplo, el nitrógeno, fósforo, potasio y magnesio se comportan de manera diferente al calcio y el boro, cuya movilidad es más limitada. Un manejo incorrecto, como concentraciones elevadas o aplicaciones en condiciones climáticas adversas, puede provocar fitotoxicidad. Por lo tanto, es indispensable un diagnóstico agronómico preciso, seguir las recomendaciones técnicas, calibrar adecuadamente el equipo pulverizador y monitorear la respuesta del cultivo.

Las formulaciones modernas y las herramientas de agricultura de precisión están revolucionando la aplicación de micronutrientes y otros compuestos mediante soluciones foliares. Esto permite ajustar las aplicaciones según las características específicas del ambiente, la fase de desarrollo del cultivo y la variabilidad detectada dentro de la explotación. Los estudios realizados en Tucumán ofrecen resultados prometedores para la papa y el cacahuete, aunque su implementación a gran escala requiere una validación local. La selección de nutrientes, las dosis y los momentos de aplicación deben basarse en análisis previos, el historial del terreno y el asesoramiento profesional, evitando la replicación ciega de tratamientos en contextos diferentes.

Para maximizar la eficacia de las prácticas agrícolas, la fertilización foliar se presenta como una estrategia clave que, al integrarse con un manejo nutricional inteligente y datos precisos, puede potenciar significativamente la producción y sostenibilidad de los cultivos.

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