En un movimiento estratégico para salvaguardar su vital patrimonio agrícola ante los estragos de la guerra, Ucrania ha logrado depositar un total de 773 muestras de semillas de cultivos esenciales en la remota Bóveda Global de Semillas de Svalbard. Esta instalación, situada en el archipiélago noruego del Ártico, se erige como un arca moderna para la biodiversidad vegetal mundial. La operación, ejecutada el 13 de octubre de 2026, representa un paso crucial para proteger una porción irremplazable de la diversidad agrícola ucraniana, resguardándola de posibles daños a bancos de germoplasma, infraestructuras científicas y sistemas nacionales de conservación, elementos vulnerables en tiempos de conflicto bélico. Este envío marca la segunda contribución de Ucrania a esta bóveda de seguridad global y es la primera desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022, subrayando la urgencia y la previsión del país en la protección de sus recursos más preciados para el futuro de su alimentación y su economía.
La preparación de este valioso cargamento estuvo a cargo del banco nacional de recursos fitogenéticos de Ucrania, una entidad afiliada a la prestigiosa Academia Nacional de Ciencias Agrarias, y contó con el respaldo indispensable de diversas organizaciones internacionales comprometidas con la seguridad alimentaria y la preservación de semillas a escala global. Las muestras depositadas abarcan una amplia gama de cultivos, que incluyen triticale, mijo, cebada, trigo sarraceno, guisantes, lupino blanco, veza común, mostaza, alfalfa y trébol. Esta selección no es casual, ya que estos cultivos desempeñan roles fundamentales tanto en la alimentación humana como en la producción de forrajes, siendo pilares de distintos sistemas agrícolas. Para las autoridades ucranianas, esta acción trasciende la mera conservación; la consideran una medida estratégica esencial para la futura recuperación agrícola de la nación, asegurando la disponibilidad de materiales vegetales críticos para futuras investigaciones y programas de mejora genética de cultivos.
El banco nacional de recursos fitogenéticos de Ucrania es uno de los más extensos y significativos a nivel mundial, albergando una impresionante colección de más de 154,300 muestras que representan 2,002 especies vegetales distintas, según datos provistos por la FAO y la Delegación de la Unión Europea en Ucrania. Dentro de esta vasta colección, aproximadamente 56,900 muestras tienen origen ucraniano, constituyendo una parte de valor incalculable de la diversidad agrícola desarrollada y conservada a lo largo de la historia del país. Esta riqueza genética incluye variedades de trigo, cebada, garbanzos, girasol, entre otros cultivos vitales para la investigación agronómica y los programas de selección vegetal. Desde el año 2022, el conflicto armado ha supuesto una amenaza constante para las instalaciones científicas encargadas de custodiar estos recursos. Los daños a infraestructuras, la interrupción de actividades de investigación y las amenazas a la seguridad han exigido una intensificación de las medidas de protección.
La eventual pérdida de un banco de germoplasma implicaría la desaparición irremediable de materiales vegetales que no se encuentran fácilmente en los circuitos comerciales de semillas. Muchas de estas muestras representan variedades tradicionales únicas, líneas genéticas esenciales para investigadores o poblaciones vegetales con características agronómicas distintivas que podrían ser cruciales para la adaptación a futuros desafíos agrícolas. La relevancia de salvaguardar esta biodiversidad se ha puesto de manifiesto en estudios que examinan el papel de los bancos de semillas en la mejora de la calidad de cultivos como el maíz, donde las colecciones públicas facilitan la identificación de características útiles para el desarrollo de nuevas variedades agrícolas. En el contexto ucraniano, la protección de estas semillas adquiere una dimensión aún más profunda, ya que la continuidad de sus colecciones nacionales está directamente entrelazada con la capacidad del país para reconstruir y recuperar sus capacidades agrícolas y científicas tras el conflicto.
El reciente depósito ucraniano comprende un total de 773 muestras clasificadas en diez grupos de cultivos distintos. Entre estos, destacan por su número 200 muestras de triticale, 200 de mijo común, 162 de cebada y 100 de trigo sarraceno, de acuerdo con el registro oficial de la Bóveda Global de Semillas de Svalbard. El triticale, un híbrido de trigo y centeno, es valorado tanto en la alimentación animal como en sistemas cerealistas específicos. El mijo, por su parte, es un alimento fundamental en diversas partes del mundo y exhibe una notable resiliencia agronómica, pudiendo prosperar en condiciones de escasez hídrica, aunque su rendimiento varía según la variedad y el entorno. La cebada se destina a la alimentación animal y a la industria alimentaria, mientras que el trigo sarraceno es un ingrediente culinario distintivo en Ucrania y ofrece una alternativa productiva gracias a su ciclo de crecimiento relativamente corto.
Viktor K. Riabchoun, el director del Banco Nacional de Germoplasma Vegetal de Ucrania, enfatizó la utilidad del trigo sarraceno como cultivo alternativo en situaciones donde las siembras invernales fallan, una cualidad vital para agricultores que deben reajustar sus calendarios productivos ante condiciones adversas. Otros materiales enviados, como la alfalfa, el trébol y la veza, son cruciales para la producción de forrajes y la optimización de especies leguminosas en la agricultura. Esta selección evidencia que la conservación de semillas va más allá de los cereales comerciales principales, incluyendo cultivos secundarios y especies con roles importantes en los ecosistemas agrícolas. La logística de este envío fue especialmente compleja, dada la situación de seguridad en Ucrania, con parte de la preparación realizada cerca de zonas de conflicto, lo que subraya el compromiso y la resiliencia del equipo involucrado en esta misión de conservación.
La preparación de este envío específico se vio marcada por desafíos extraordinarios, derivados de las volátiles condiciones de seguridad prevalecientes en Ucrania. Riabchoun detalló que la principal dificultad radicó en la coordinación de todo el proceso –selección, documentación, embalaje y transporte de las semillas– mientras las operaciones militares continuaban activas. Parte de estas tareas críticas tuvieron que llevarse a cabo en instalaciones ubicadas peligrosamente cerca de las zonas afectadas por las hostilidades, lo que añadió una capa de complejidad considerable a la preparación de los materiales destinados a Noruega. Las semillas debían cumplir rigurosamente con los exigentes requisitos técnicos y documentales estipulados para su almacenamiento seguro en la instalación internacional. Este procedimiento no se limita al simple traslado de granos; las muestras provienen de colecciones científicas meticulosamente identificadas y conservadas por instituciones dedicadas a mantener su integridad y viabilidad a largo plazo.
Cada lote enviado debe estar perfectamente correlacionado con materiales conocidos y venir acompañado de toda la información necesaria que garantice su correcta identificación y eventual recuperación, en caso de que el banco de origen precise recurrir a esta copia de seguridad. Según Riabchoun, esta duplicación es una estrategia fundamental que permite recuperar recursos genéticos invaluables cuando las colecciones originales sufren daños o se pierden irremediablemente. En el escenario actual de Ucrania, esta función adquiere una relevancia crítica, dadas las amenazas inminentes que enfrenta la infraestructura nacional dedicada a la conservación agrícola. Este esfuerzo de conservación en Svalbard forma parte de un plan de protección mucho más ambicioso y de mayor alcance, que se ha venido desarrollando activamente en los últimos años.
La FAO, con financiación estratégica de la Unión Europea y a través de mecanismos internacionales de apoyo a colecciones de germoplasma en riesgo, ha liderado una operación de emergencia sin precedentes que permitió el traslado de 51,000 muestras de semillas hacia el oeste de Ucrania, una zona considerada más segura. Esta iniciativa contó con la activa participación de la Academia Nacional de Ciencias Agrarias de Ucrania y el soporte técnico de instituciones internacionales especializadas en recursos fitogenéticos. Posteriormente, en noviembre de 2025, se inauguró un centro permanente de duplicación y conservación, equipado con laboratorios de última generación e instalaciones de almacenamiento especializadas. Este centro no solo ofrece una capa adicional de protección dentro del territorio ucraniano, sino que también permite mantener y avanzar en las actividades de conservación y estudio de materiales vegetales. De esta forma, la estrategia implementada combina diversos niveles de seguridad: las colecciones originales, los duplicados salvaguardados en otras instalaciones nacionales y las muestras depositadas en Svalbard.
Este enfoque multidimensional concuerda con las recomendaciones que enfatizan la necesidad de integrar bancos de semillas con la conservación de variedades agrícolas in situ, en los propios campos, para evitar una dependencia exclusiva de una única infraestructura en la preservación de la diversidad de los cultivos. Adicionalmente, las autoridades ucranianas han formulado una estrategia nacional para el desarrollo del sistema de recursos fitogenéticos para el periodo 2024-2028 y han avanzado en la integración de plataformas internacionales de información para una gestión más eficiente y colaborativa de sus colecciones. La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, inaugurada en 2008, opera como una instalación internacional fundamental diseñada para resguardar duplicados de colecciones agrícolas provenientes de bancos de germoplasma de todo el mundo. Construida en el interior de una montaña en el archipiélago noruego, aprovecha las bajas temperaturas naturales de la región ártica, complementadas por sistemas de refrigeración avanzados, para mantener las semillas en condiciones óptimas que prolonguen su viabilidad y minimicen el deterioro.
La función primordial de esta bóveda no es la distribución directa de semillas a los agricultores ni la sustitución de las actividades de los bancos nacionales de semillas. Su verdadero rol es el de una reserva de respaldo, un seguro global. Los materiales depositados permanecen bajo la custodia y responsabilidad de las instituciones que los enviaron, conservando estas el control total sobre su eventual recuperación. Este modelo operativo ha sido objeto de análisis, especialmente al examinar las condiciones de acceso y conservación de semillas en Svalbard, una infraestructura que, si bien protege una parte considerable de la diversidad agrícola global, no es apta para la conservación de todos los tipos de plantas bajo sus procedimientos estándar. La existencia de una copia de seguridad como esta adquiere una importancia crítica cuando los bancos originales se encuentran expuestos a conflictos armados, desastres naturales, fallos técnicos o interrupciones prolongadas en sus operaciones. La experiencia internacional ha demostrado la utilidad de estas reservas para la reconstrucción de colecciones científicas; un ejemplo notorio es el del Centro Internacional de Investigación Agrícola en Zonas Áridas (ICARDA), que recurrió a semillas almacenadas en Svalbard después de que el conflicto en Siria interrumpiera el acceso a sus propias colecciones.
