El desafío de Venezuela: Activar su motor agrícola para el futuro.
El vasto potencial agrícola desaprovechado en Venezuela: Un análisis crítico.
Venezuela cuenta con una extensa área de aproximadamente 12 millones de hectáreas con vocación agrícola, pero solo una fracción mínima, cercana al 20%, se encuentra en producción, según recientes declaraciones de Osman Quero, presidente de Fedeagro. Este dato, difundido el 12 de octubre de 2026, subraya una brecha significativa entre la capacidad inherente de la nación y su actual utilización productiva. Esto implica que cerca de 9.6 millones de hectáreas permanecen inactivas, un margen que, de ser aprovechado, podría transformar el panorama alimentario del país.
La persistente brecha entre capacidad y realidad: Cifras que alarman.
La Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro) ha revelado que, de los 12 millones de hectáreas consideradas fértiles para la agricultura, solo unos 2.4 millones están siendo cultivadas. Esta cifra, que representa apenas una quinta parte del total, deja entrever la magnitud del desafío. El resto, las 9.6 millones de hectáreas ociosas, evidencian una oportunidad perdida y una necesidad urgente de implementar políticas que fomenten su activación.
Financiamiento y certeza jurídica: Pilares para la revitalización del campo.
Osman Quero ha identificado dos elementos fundamentales para la reactivación del sector agrícola venezolano: la seguridad jurídica y el acceso a recursos financieros. A pesar de que el país goza de condiciones naturales óptimas para una diversidad de cultivos, las barreras relacionadas con la protección de la propiedad y la escasez de crédito limitan severamente la inversión y el crecimiento de las explotaciones agrícolas. Estos factores son cruciales para generar confianza y atraer el capital necesario que impulse la modernización y expansión del sector.
Más allá de las estadísticas: La complejidad del potencial sin explotar.
Las proyecciones de Fedeagro, aunque orientativas, no constituyen un inventario exhaustivo de tierras. No todas las hectáreas disponibles pueden ser inmediatamente cultivadas sin inversiones sustanciales, estudios de viabilidad y evaluaciones ambientales. La viabilidad de nuevas explotaciones depende de múltiples factores, como la disponibilidad de agua, la calidad del suelo, la infraestructura vial y el acceso a mercados, elementos que requieren una planificación detallada y estratégica.
La vastedad de tierras cultivables subutilizadas: Un panorama preocupante.
El análisis de Fedeagro destaca que solo una quinta parte del potencial agrícola de Venezuela se está utilizando. Con 12 millones de hectáreas idóneas para el cultivo, las 2.4 millones explotadas y los casi 9.6 millones de hectáreas inactivas revelan el enorme potencial de expansión. Sin embargo, no todas estas tierras pueden ser puestas en producción de forma inmediata. Factores como la infraestructura hídrica, la calidad del terreno y el acceso a mercados son determinantes para su aprovechamiento efectivo.
El financiamiento como cuello de botella: Un freno al desarrollo agrícola.
La escasez de crédito es una de las principales limitaciones señaladas por Osman Quero. La agricultura, por su naturaleza, exige inversiones significativas en insumos como semillas, fertilizantes y combustible antes de que se obtenga cualquier retorno. Además, las grandes explotaciones requieren capital para maquinaria, sistemas de riego y mejoras en la infraestructura. La falta de acceso a financiamiento adecuado obliga a los agricultores a reducir la escala de sus operaciones o a depender de acuerdos comerciales desfavorables, lo que impide la expansión y modernización del sector.
Inversión y desarrollo: El papel vital de la estabilidad jurídica en la agricultura.
La seguridad jurídica es otro pilar fundamental para el desarrollo agrícola. La estabilidad en las leyes de uso y tenencia de la tierra es esencial para las decisiones de inversión a largo plazo, especialmente en cultivos que requieren varios años para madurar. La incertidumbre legal desincentiva a los productores y a los inversores, quienes necesitan garantías de que sus esfuerzos y capital estarán protegidos. Sin un marco jurídico claro y estable, es difícil fomentar una agricultura rentable y sostenible.
Los Llanos y su relevancia estratégica: La promesa de la producción cerealera.
Los Llanos venezolanos son una región clave para la producción de cereales, destacando cultivos como el maíz blanco y amarillo, y el arroz. Estos productos son vitales para la alimentación humana y animal, y para la agroindustria. La cosecha de maíz de 2026, con más de 500,000 hectáreas sembradas y una proyección de dos millones de toneladas, muestra el potencial de la región. Sin embargo, su expansión futura dependerá de las condiciones económicas y técnicas que acompañen cada campaña agrícola.
Diversidad productiva: Más allá de los cereales, un horizonte de oportunidades.
Fuera de las principales zonas cerealeras, el diagnóstico de Fedeagro resalta la diversidad de cultivos que Venezuela puede ofrecer. En los Andes, las hortalizas y tubérculos son predominantes, abasteciendo los mercados de consumo. Quero también mencionó el café, cacao, caña de azúcar y palma aceitera como parte del potencial productivo. No obstante, estos sectores enfrentan sus propios desafíos, como la necesidad de condiciones comerciales justas y la resolución de problemas de precios que afectan la rentabilidad de los productores.
La gestión hídrica: Un factor crítico para la expansión agrícola sostenible.
La disponibilidad de recursos hídricos y la eficiencia de los sistemas de riego son determinantes para la expansión agrícola. Infraestructuras como el Sistema de Riego Río Guárico, objeto de recientes inspecciones, son cruciales para asegurar el suministro de agua en zonas donde las lluvias son insuficientes. Sin embargo, contar con tierras fértiles no garantiza agua suficiente para una producción estable. La planificación hídrica debe incluir la evaluación de costos de mantenimiento de canales y estaciones de bombeo, así como la sostenibilidad a largo plazo.
Comercialización y competencia: Desafíos para la recuperación agrícola nacional.
La capacidad de comercializar las cosechas en condiciones económicas favorables es vital para la recuperación agrícola. Fedeagro ha advertido sobre el impacto negativo de las importaciones de productos agrícolas en el mercado local. El ingreso de grandes volúmenes de maíz y arroz importados, junto con diferencias en costos y tributación, presiona los precios que reciben los productores venezolanos. Un aumento en la producción requiere una infraestructura robusta de almacenamiento, transporte y procesamiento, así como un acceso equitativo a los mercados, para evitar que una mayor oferta se convierta en una carga para los agricultores.
Potencial agrícola de Venezuela: Hacia un futuro de inversiones y planificación.
Las observaciones de Osman Quero ponen de manifiesto la disparidad entre el potencial agrícola de Venezuela y su aprovechamiento actual. La vasta extensión de tierras cultivables subutilizadas representa una oportunidad para la expansión productiva, pero requiere abordar de manera integral los problemas de financiamiento, seguridad jurídica, infraestructura hídrica y comercialización. Es crucial invertir en ambas estrategias: aumentar la superficie cultivada y mejorar la productividad de las tierras ya en uso. La transformación del sector agrícola venezolano dependerá de una planificación detallada y de la implementación de políticas que apoyen su desarrollo sostenible.
