Científicos del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca (IRNASA-CSIC), liderados por Jaime Carrasco, han identificado tres cepas de Bacillus velezensis con una capacidad única para combatir las principales enfermedades fúngicas que afectan al cultivo de champiñones comunes, sin comprometer la integridad del hongo comestible. Este avance es crucial, ya que el champiñón y sus patógenos son hongos, lo que complica el uso de fungicidas convencionales.
Las bacterias seleccionadas, aisladas del entorno natural del champiñón, producen fengicina, un compuesto antifúngico que altera las estructuras celulares de los patógenos, inhibiendo su crecimiento y capacidad infecciosa. Este descubrimiento es el resultado de una exhaustiva investigación que evaluó más de 140 cepas bacterianas, seleccionando aquellas que mostraron eficacia sin efectos adversos sobre el champiñón. La estrategia consiste en multiplicar estas bacterias y reintroducirlas en el cultivo, aprovechando su rol en el ecosistema microbiano natural.
Las cepas estudiadas han demostrado ser efectivas contra la mole seca, la mole húmeda y la telaraña, enfermedades que causan deformaciones, reducen la calidad comercial y provocan pérdidas significativas. El control de estos patógenos tradicionalmente requiere medidas de higiene estrictas y un manejo ambiental cuidadoso. La inclusión de microorganismos beneficiosos ofrece una alternativa a los productos químicos, promoviendo el uso de bioinsumos y una agricultura más sostenible.
La protección que ofrecen estas bacterias se debe principalmente a la fengicina, que daña selectivamente las membranas celulares de los hongos patógenos sin afectar al Agaricus bisporus. Este mecanismo de acción selectivo es fundamental para el desarrollo de nuevas formulaciones específicas para hongos comestibles. Aunque la eficacia ha sido probada en laboratorio y protegida por una patente, el desafío ahora es asegurar la persistencia de estas bacterias en el sustrato comercial y optimizar su aplicación para una protección duradera.
La producción global de champiñones, un cultivo de alto valor, se enfrenta a desafíos sanitarios debido a las condiciones de humedad y materia orgánica que favorecen el desarrollo de patógenos. Este hallazgo representa una esperanza para los productores, ofreciendo una herramienta biológica basada en el propio entorno del cultivo. La investigación, con una fuerte vinculación con regiones productoras como Castilla-La Mancha, busca proporcionar soluciones que mejoren la sanidad y la resiliencia del cultivo, sin sacrificar la diversidad genética crucial para su adaptación a futuros cambios.
