Frente a los desafíos impuestos por la variabilidad climática y la amenaza de sequías, El Salvador se prepara para transformar su sector agrícola mediante un ambicioso plan que busca irrigar 60,000 manzanas de tierra cultivable. Esta iniciativa, impulsada por organizaciones agrícolas y el Ministerio de Agricultura, tiene como objetivo principal asegurar la producción de alimentos básicos como maíz, frijol y hortalizas, disminuyendo la dependencia de las precipitaciones y fortaleciendo la resiliencia del país ante eventos climáticos adversos.
La propuesta, liderada por entidades como la Asociación Nacional de Trabajadores Agropecuarios (ANTA) y la Mesa Agropecuaria, Rural e Indígena, surge como respuesta a periodos de sequía que han afectado severamente a agricultores, especialmente en la región oriental. El plan contempla la identificación de terrenos estratégicamente ubicados cerca de ríos, lagos y otras fuentes de agua, para integrar sistemas de riego modernos y eficientes. Esta estrategia busca no solo mitigar los impactos de la escasez de agua, sino también impulsar una agricultura más tecnificada y productiva.
Actualmente, se está llevando a cabo un exhaustivo inventario nacional para localizar entre 60,000 y 70,000 manzanas que podrían beneficiarse de la infraestructura de riego. Si bien la meta es ambiciosa, su ejecución requerirá una evaluación detallada de la disponibilidad hídrica, las características del suelo, los costos de bombeo y la infraestructura necesaria para una distribución eficiente del agua. Esta propuesta se vuelve crucial ante las proyecciones de una posible "supersequía" que podría impactar gravemente la producción de granos y pastizales.
El desafío es particularmente agudo para la agricultura de ladera, donde las pendientes y las limitaciones financieras dificultan la implementación de sistemas de riego. Mientras que los agricultores en zonas planas con acceso a fuentes de agua pueden instalar bombas y reservorios, aquellos en terrenos inclinados enfrentan mayores barreras. La vulnerabilidad de estas explotaciones se alinea con los efectos observados en familias campesinas de Centroamérica, cuyos medios de vida dependen directamente del régimen de lluvias.
Aunque el gobierno ha brindado asistencia de emergencia con bombas y sistemas de extracción de agua, es esencial que las nuevas infraestructuras de riego incorporen tecnologías eficientes como el goteo y la aspersión controlada. Estas técnicas, acompañadas de capacitación y mantenimiento, pueden optimizar el uso del agua y reducir el desperdicio. La sequía no solo afecta los cultivos, sino también la ganadería, impactando la disponibilidad de pastos y la salud del ganado, lo que incrementa los costos de producción y agrava las dificultades del sector.
A pesar de los retos, la primera cosecha de 2026 mostró resultados positivos, gracias a estrategias como el adelanto de las siembras y el uso de semillas de alto rendimiento. Esto permitió cubrir aproximadamente el 70% del consumo nacional de maíz y frijol. Sin embargo, la perspectiva para la segunda cosecha sigue siendo incierta, y la implementación de sistemas de riego a gran escala es vista como una solución clave para reducir la vulnerabilidad y asegurar la continuidad de la producción alimentaria en El Salvador.
